Hoy es un día muy especial. El sol entra por la ventana y Sofía, con su pelo rizado, da vueltas y vueltas en la alfombra. “¡Es el Día del Padre!” dice en voz bajita, mirando su dibujo pegado en la nevera. Hoy quiere hacer algo bonito, algo diferente, algo que haga sonreír a su papá.
Primero, Sofía busca sus lápices de colores. El rojo intenso, el azul alegre, el amarillo brillante. Saca una hoja grande y la pone en la mesa. Mamá está preparando el desayuno y sonríe. “¿Qué vas a dibujar, Sofi?” pregunta. Sofía responde: “Voy a escribirle a papá. Pero no sé escribir mucho”. Mamá se agacha y la abraza. “No importa, puedes hacer un dibujo y usar palabras fáciles. Puedes decirle cuánto lo quieres”.
Sofía piensa y repite bajito: “Papá, te quiero mucho”. Escribe su nombre con letras grandes y llenas de colores. Dibuja un corazón, grande y rojo. Dibuja a papá, muy alto, con una sonrisa. Se dibuja a sí misma, con sus zapatillas rojas favoritas. Dibuja el parque donde juegan juntos. Dibuja el columpio, y a ella en brazos de papá, volando alto. Dibuja sus manos juntas, muy cerca.
Sofía mira su dibujo y sonríe. Pero siente que falta algo. Quiere decirle a papá cosas bonitas con palabras. “¿Me ayudas, mamá?” pregunta. Mamá se sienta a su lado. “Podemos pensar en un poema pequeño, Sofi. Algo sencillo”. Sofía piensa fuerte. Susurra: “Papá, me gusta cuando haces cosquillas. Papá, me gusta cuando cantas. Papá, me abrazas y todo es suave”.
Entre las dos, escriben un poema cortito:
Papá, papá, eres mi sol.
Me haces reír, me das amor.
Cuando me abrazas todo es mejor.
Papá, papá, eres mi flor.
Sofía se ríe porque papá nunca ha sido una flor antes. Mamá le guiña un ojo. “Hoy papá será sol y flor”, dice. Sofía aplaude con las manos pequeñitas.
Luego, van a la cocina. Hoy quieren hacer un pastel. Mamá saca los ingredientes y Sofía ayuda a poner la harina en un bol grande. “Uno, dos, tres cucharadas”, cuenta muy seria. Hay harina en la mesa, en la nariz de Sofía, y un poquito en el suelo. Pone el azúcar y la mantequilla. Saca los huevos, pero mamá los rompe, porque es fácil que caigan en el suelo.
Sofía remueve la masa con una cuchara de madera. La masa parece una nube suave y dorada. “Remueve, Sofi, remueve”, canta mamá. Sofía canta también. “¡Remuevo, remuevo, hago pastel para papá!”
De repente, Sofía piensa: “¿Y si pongo un dibujo en el pastel?” Mamá sonríe. “Podemos decorar el pastel con chocolate y dibujar un corazón”. Sofía ríe contenta. Mete un dedo en la masa y lo prueba. “¡Mmm, está rico!” dice. Mamá hace una cara divertida. “Solo un poquito, Sofi”. Sofía se ríe y se limpia la boca.
Mientras el pastel está en el horno, Sofía se sienta en el sofá, con su dibujo y su poema. Los mira y los toca con un dedo. Piensa en papá, en sus abrazos, en las canciones antes de dormir. Piensa en su risa grande cuando juegan a esconderse detrás de la cortina. “Papá va a estar muy feliz”, dice en voz baja.
Suena el timbre de la puerta. Es papá. Llega con la chaqueta azul y una gran sonrisa. “¡Hola, mis chicas!” dice alegre. Sofía corre, salta y le da un gran abrazo. Papá la levanta y da vueltas. “Hoy es tu día”, dice Sofía muy seria. “¡Feliz Día del Padre, papá!”
Le muestra el dibujo y el poema. Papá lo mira con mucho cuidado. Sus ojos se ponen brillantes. “Es precioso, Sofi. ¡Gracias!” la abraza fuerte, fuerte. “¿Y sabes? Nunca he sido flor, pero me gusta mucho ser tu flor”, dice papá haciendo una voz graciosa. Sofía ríe y ríe.
Mamá saca el pastel del horno. Huele a vainilla y chocolate. Sofía y papá decoran juntos el pastel. Hacen un corazón de chocolate y muchas rayitas de colores. Todos se sientan a la mesa. Sofía sopla una “vela invisible” porque hoy no hay velas, pero sí mucho amor.
Papá corta un trozo y lo prueba. “¡Este pastel es el mejor del mundo!” dice con la boca llena de migas. Sofía se siente muy feliz. Papá le da un beso en la frente. “Gracias por hacer mi día tan especial, Sofi”, le dice.
Después, todos se acurrucan en el sofá. Papá lee el poema en voz alta, muy despacio. Sofía lo escucha y se siente calentita por dentro. Mira a papá, mira a mamá, mira el pastel en la mesa.
Hoy Sofía ha aprendido que los dibujos, los poemas y los pasteles hechos con amor hacen sonreír mucho a papá. Y cuando papá sonríe, Sofía sonríe también.
En casa todo está tranquilo, todo es suave, todo es amor. Y así termina este día especial, con un abrazo largo y palabras bonitas que quedan en el corazón.