Parte 1
Era la mañana del Día del Padre. En la casa del bosque olía a pan tostado y a risas. Osito Bruno se puso un delantal que decía: “¡Cuidado, chef peludo!”.
“Papá, hoy es tu día”, dijo Bruno, y le dio un abrazo apretadito.
Papá Oso bostezó feliz. “Mi mejor regalo es verte contento.”
Bruno guiñó un ojo. “Sí… pero también habrá sorpresas.”
Bruno fue a buscar una caja vieja en el armario. La caja hacía “cric-crac” cuando la abría, como si contara un secreto. Dentro encontró una foto antigua: Papá Oso, más joven, con una bicicleta roja y una sonrisa gigante.
Bruno la miró con cara de detective. “¿Papá, quién es ese oso tan guapo?”
Papá Oso se rió. “Ese soy yo. Esa bicicleta fue mi primera bici. La cuidé mucho.”
Bruno tocó la foto con cuidado. Estaba un poco doblada y triste.
“Entonces… la vamos a poner preciosa”, dijo Bruno. “Para hoy.”
Papá Oso le acarició la cabeza. “Qué detalle, Bruno.”
Parte 2
Bruno buscó un marco. Encontró uno de madera, con una esquina despintada.
“¡Ajá! Te falta un poquito de cariño”, dijo Bruno al marco.
Con un trapo suave lo limpió: “fiu-fiu”. Luego pegó una estrellita amarilla y un corazón verde. “Ahora sí, marco elegante.”
Mientras la pegatina se pegaba, Bruno fue a la cocina. “¡Necesito una ensalada colorida! Una ensalada que diga: te quiero.”
Sacó un tomate rojo. “Hola, tomate.” Sacó pepino verde. “Hola, pepino.” Sacó maíz amarillo. “Hola, maíz.” Y una zanahoria naranja. “Hola, zanahoria, ¡qué sonrisa!”
Bruno mezcló todo en un cuenco grande. “Revolver, revolver, sin volcar”, cantó. Pero el pepino saltó y cayó al suelo.
“¡Uy! Pepino travieso”, dijo Bruno. Lo recogió rápido. “No pasa nada. Un besito, un lavado, y listo.”
Papá Oso asomó la cabeza. “¿Necesitas ayuda, chef peludo?”
Bruno puso cara seria… pero se le escapó la risa. “Sí. Tú puedes probar.”
Papá Oso probó. “Mmm. Sabe a colores.”
Bruno aplaudió. “¡Eso quería!”
Parte 3
Bruno puso la foto restaurada en el marco y la colocó en la mesa. Al lado, la ensalada brillaba como un arcoíris en un cuenco.
“Papá, sorpresa”, dijo Bruno, escondiendo las patitas detrás.
Papá Oso miró la foto y se quedó quieto un momento, con ojos suaves. “Oh… mi bici roja. Yo era un oso rápido.”
Bruno se rió. “¿Rápido como una zanahoria con ruedas?”
Papá Oso soltó una carcajada. “¡Exacto!”
Luego abrazó a Bruno. “Gracias por cuidar mi recuerdo. Y por esta ensalada tan alegre.”
Bruno apoyó la cabeza en su barriga. “Pequeñas cosas, papá. Para decir: te quiero mucho.”
Comieron despacito, contando chistes tontos. Afuera, el sol parecía aplaudir también. Y el Día del Padre se quedó calentito, como una manta bonita.