Capítulo 1: El pequeño oso y su gran miedo
El pequeño oso Tomás vivía en una casita cerca del bosque, junto a su mamá. Tomás era un oso tierno, suave, con pelito marrón y una sonrisa muy tímida. A Tomás le gustaba mucho mirar las flores, los pájaros y los árboles altos, pero tenía miedo de correr y saltar. Siempre pensaba: “¿Y si me caigo? ¿Y si me duele?”
Una mañana, Tomás estaba sentado mirando por la ventana. Su mamá le preguntó con voz suave:
—Tomás, ¿te gustaría jugar en el jardín?
Tomás bajó la cabeza y respondió:
—Me da miedo, mamá. No quiero caerme.
La mamá oso se acercó y lo abrazó fuerte.
—Está bien tener miedo, Tomás. Todos tenemos miedos a veces.
Tomás miró a su mamá y sintió un poco de calorcito en su corazón. Mamá oso le sonrió y dijo:
—¿Te gustaría salir conmigo al jardín? Yo te acompaño.
Tomás pensó un momento y luego asintió despacito. Quería intentarlo.
Capítulo 2: Primeros pasos en el jardín
Tomás salió al jardín de la mano de mamá oso. El sol brillaba y las mariposas bailaban entre las flores. Mamá oso caminaba muy despacio, igual que Tomás.
—Si tienes miedo, puedes apretarme la mano —dijo mamá oso.
Tomás apretó la mano de su mamá y miró sus pies. Dio un pasito, y luego otro.
—¡Muy bien, Tomás! —dijo mamá oso con una sonrisa grande.
Tomás vio una pelota roja en la hierba. Quiso ir a buscarla, pero sintió otra vez el miedo.
—¿Y si me tropiezo? —preguntó Tomás.
Mamá oso se agachó a su lado.
—Si tropiezas, yo estoy aquí para ayudarte. Y puedes levantarte y volver a intentarlo.
Tomás respiró hondo, como le enseñó su mamá. Contó:
—Uno, dos, tres...
Y caminó despacito hasta la pelota. Mamá oso lo aplaudió.
Tomás sonrió. No se cayó. Tomás se sintió valiente.
Capítulo 3: Un pequeño tropiezo y un gran aprendizaje
Después de un rato, Tomás quiso saltar como los conejos que veía en el bosque.
—Mamá, quiero saltar, pero me da miedo caerme.
Mamá oso lo animó:
—Salta poquito, Tomás. Yo estoy aquí contigo.
Tomás abrió los brazos y saltó. ¡Plaf! Se resbaló y se sentó en la hierba. No se hizo daño, pero se asustó un poco y miró a mamá oso.
Mamá oso se arrodilló a su lado y le dio un beso en la cabeza.
—¿Estás bien, Tomás?
Tomás asintió, un poco triste.
—Me caí, mamá.
Mamá oso lo abrazó.
—Sí, te caíste. Pero también te levantaste. Eso es muy valiente.
Tomás se limpió un poquito la tierra y miró el cielo azul.
—Quiero volver a intentarlo —dijo con voz bajita.
Dio un pequeño salto, esta vez más seguro. Luego otro, y otro más. Cada vez sentía menos miedo y más alegría.
—¡Mira, mamá! ¡Estoy saltando! —gritó Tomás, riendo.
Mamá oso aplaudió y le sonrió.
—Estoy muy orgullosa de ti, Tomás. Aprendiste que caerse no es tan malo, porque puedes levantarte de nuevo.
Tomás se abrazó a su mamá y juntos miraron las mariposas. Desde ese día, Tomás sabía que podía tener miedo, pero también sabía que podía ser valiente y seguir adelante, paso a pasito, con mucho amor.