El viaje al doctor
Había una vez un pequeño niño llamado Lucas. Lucas tenía tres años y le encantaba jugar con sus juguetes. Un día, mamá le dijo: "Lucas, hoy vamos a visitar al doctor para un chequeo". Lucas miró a mamá con grandes ojos. "¿El doctor?", preguntó con un poco de miedo. "Sí, mi amor", respondió mamá con una sonrisa cálida. "El doctor solo quiere asegurarse de que estás sano y fuerte".
Lucas no estaba seguro. Había oído hablar del doctor antes, y no le gustaban las inyecciones. Mamá le tomó de la mano y le dijo: "Todo estará bien, Lucas. Estaré contigo todo el tiempo".
En la sala de espera
En la sala de espera, Lucas vio otros niños con sus mamás y papás. Algunos estaban jugando con bloques de colores, y otros miraban cuentos. "Mira, Lucas", dijo mamá, señalando un rincón de juegos. "Vamos a jugar mientras esperamos". Lucas sonrió y fue a jugar con los bloques. Construyó una torre alta, tan alta como un castillo. Mamá le aplaudió y le dijo: "¡Qué castillo tan bonito, Lucas!".
Pronto, una amable enfermera llamó su nombre. "Lucas, es tu turno", dijo con una voz suave. Lucas miró a mamá, y ella le sonrió. "Vamos, cariño", le dijo. "Estoy aquí contigo".
El chequeo
Dentro del consultorio, el doctor era un hombre simpático con una bata blanca. "Hola, Lucas", dijo el doctor. "Soy el doctor Pérez. Vamos a ver lo fuerte que estás creciendo". Lucas se sentó en la mesa de examen mientras el doctor le revisaba los oídos, la garganta y el corazón. "Todo está muy bien", dijo el doctor con una sonrisa. "Eres un niño muy fuerte".
Lucas sonrió al escuchar eso. Luego, el doctor dijo: "Ahora, Lucas, necesitamos ponerte una pequeña inyección. Será rápido, como un pinchazo de mosquito". Lucas miró a mamá, y ella le sostuvo la mano. "Estoy aquí, Lucas", le dijo con cariño. El doctor le puso la inyección rápidamente y Lucas apenas sintió el pinchazo. "¡Ya está!", dijo el doctor. "Eres muy valiente, Lucas".
De regreso a casa
Mamá y Lucas caminaron de vuelta a casa. Lucas se sentía muy orgulloso. "Lo hice, mamá", dijo con una gran sonrisa. "Fuiste muy valiente, mi amor", le dijo mamá, abrazándolo fuerte. "Visitar al doctor no es tan malo, ¿verdad?". Lucas asintió. "El doctor me dijo que soy fuerte", dijo Lucas, levantando los brazos como un superhéroe.
Desde entonces, Lucas ya no tenía miedo de ir al doctor. Sabía que mamá siempre estaría a su lado y que el doctor solo quería ayudarle a estar sano y feliz. Y cada vez que pensaba en el doctor, recordaba lo valiente que podía ser.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.