Capítulo 1: El perrito de la plaza
Martín, Lucas y Tomás eran tres amigos que iban juntos al parque todos los días después de la escuela. Martín llevaba una silla de ruedas muy bonita, azul y con pegatinas de dinosaurios. Los tres jugaban a buscar piedras, mirar hormigas y correr carreras. Un día, cuando entraron en la plaza, vieron a un perrito blanco con manchas marrones. El perrito saltaba alegre, movía la cola y olía alrededor.
—¡Miren, un perrito! —gritó Lucas con una gran sonrisa.
Pero Tomás se quedó quieto y bajó la cabeza. Tenía miedo de los perros. Sus amigos se acercaron.
—¿Qué pasa, Tomás? —le preguntó Martín, con voz suave.
—Me da miedo el perrito —susurró Tomás, apretando fuerte la mano de Lucas.
—Está lejos de nosotros —dijo Lucas—. Él solo quiere oler el pasto.
—¿Y si se enoja y me ladra? —preguntó Tomás, mirando al suelo.
Martín sonrió y puso su mano en el hombro de Tomás.
—Podemos quedarnos aquí sentados, juntos. Si te asustas, cuentas hasta tres y respiramos despacio, ¿sí?
Tomás asintió. Los tres se sentaron en el banco, mirando al perrito desde lejos.
Capítulo 2: Coraje y tranquilidad
El perrito se fue acercando, oliendo unas flores. Tomás sintió el corazón un poco rápido, pero recordó lo que dijo Martín. Cerró los ojos, contó despacito: uno, dos, tres. Respiró hondo, como hacía con mamá cuando tenía miedo por las noches.
—Estoy un poco asustado —dijo Tomás.
—Está bien tener miedo —dijo Martín—. Yo a veces también tengo miedo cuando hay truenos.
Lucas sostuvo la mano de Tomás.
—A mí me asustan las abejas, pero mi papá me dice que solo quieren volar y buscar flores.
El perrito se detuvo frente a ellos y movió la cola, sin ladrar. Se sentó y los miró con ojos alegres. Parecía decir: “Hola”.
—¿Ves? No hace nada. Solo quiere saludar —dijo Martín, sonriendo.
Tomás respiró profundo y miró al perrito. No era tan grande ni tan ruidoso como pensaba. El perrito se agachó y lamió una hoja. Tomás sonrió un poquito.
Capítulo 3: Amistad y valentía
La dueña del perrito apareció y lo llamó. El perrito movió la cola y se fue, feliz.
—¡Lo hiciste muy bien, Tomás! —dijo Lucas—. Fuiste muy valiente.
Martín le dio una palmadita en la espalda.
—Cuando sientas miedo otra vez, podemos respirar juntos y contar despacio.
Tomás se sintió orgulloso. Había tenido miedo, pero con sus amigos a su lado, todo era más fácil. Aprendió que los miedos pueden ser pequeñitos cuando los compartes con amigos.
Los tres se abrazaron y siguieron jugando en la plaza, riendo y buscando más piedras para su colección. Porque juntos, todos los días son un poquito más valientes.