Sofía se despierta en su cama pequeña. El sol entra por la ventana y le da en la cara. Sofía sonríe. Es verano. Huele a flores y a pan tostado.
“Mamá, ¿ya es de día?”, pregunta Sofía.
“Sí, mi amor, es un día bonito”, dice mamá.
Sofía se pone su vestido amarillo. Se lava la cara con agua fresca. Mamá la ayuda a cepillarse el pelo. Sofía come pan con mermelada y bebe un poco de leche.
“Mamá, ¿puedo salir al jardín?”, pregunta Sofía.
“Sí, pero primero, vamos a ponerte crema”, dice mamá.
Mamá saca un bote blanco. Pone un poco de crema en la mano. Frota los bracitos de Sofía, su cara y su cuello. Sofía ríe porque la crema está fresquita.
“¿Por qué me pones crema?”, pregunta Sofía.
“Para que el sol no te haga daño”, responde mamá.
Sofía piensa. “El sol es bonito, pero puede ser fuerte”, dice mamá.
Sofía se pone su sombrero de rayas. Sus sandalias brillan con el sol. Sale al jardín. El césped está suave y verde. Hay mariposas volando.
Sofía corre detrás de una mariposa azul. “¡Ven, mariposa!”, dice Sofía. La mariposa vuela y Sofía la sigue. El jardín huele a hierba y a tierra.
De pronto, Sofía se cansa. Se sienta en la sombra de un árbol grande. El árbol le da fresquito. Mamá viene con agua.
“Bebe un poco, Sofía”, dice mamá.
Sofía bebe y se siente mejor. Mira el cielo. Las nubes son blancas y suaves. Sofía piensa en la mariposa. “Está bien que vuele libre”, dice en voz baja.
Después, Sofía ayuda a mamá a regar las plantas. El agua hace brillar las hojas. Sofía toca las flores con cuidado. Se siente feliz.
Al final del día, Sofía entra en casa. Mamá la abraza. Sofía sonríe.
“Hoy aprendí que el sol es bonito, pero hay que cuidarse”, dice Sofía.
Mamá le da un beso. Sofía cierra los ojos. El verano es cálido. Sofía sueña tranquila.