Sofía se despierta temprano, con una gran sonrisa en la cara. Hoy es día de partido y siente cosquillas en la barriga. Se pone sus medias largas, su camiseta azul y sus zapatillas favoritas. En la cocina, toma un vaso de zumo y una tostada. “¡Hoy va a ser un buen día!”, dice Sofía.
Al salir de casa, Sofía saluda a su vecino Luis. “¡Hola, Sofía! ¿A dónde vas tan contenta?”, pregunta Luis. Sofía responde: “¡Voy a jugar al fútbol con mi equipo!”.
Sofía llega al campo. Sus amigas ya están allí, riendo y calentando. Sofía las saluda una por una: “¡Hola, Paola! ¡Hola, Marta! ¡Hola, Isa!”. Todas sonríen y juntas empiezan a correr despacito por el césped verde. El entrenador las llama. “Vamos, chicas, a entrenar fuerte y a jugar en equipo”.
Antes del partido, Sofía se concentra. Respira hondo y se dice: “Puedo hacerlo. Soy valiente y juego con alegría”.
El partido comienza. El balón rueda, las jugadoras corren. Sofía corre rápido, muy rápido. Da un pase a Isa y juntas avanzan. A veces, Sofía tropieza y cae, pero siempre se levanta. “¡Ánimo, Sofía!”, gritan sus amigas. Sofía sonríe, se limpia las rodillas y sigue jugando.
Un momento importante llega. El equipo contrario marca un gol. Algunas amigas se ponen tristes. Sofía las anima: “No pasa nada, seguimos jugando juntas. ¡Podemos lograrlo!”. Todas se dan la mano y siguen luchando.
Sofía roba el balón, corre y da un pase a Marta. Marta chuta y… ¡gol! Todas saltan y se abrazan. “¡Bien hecho, equipo!”, grita Sofía. El partido termina con risas y abrazos. Sofía sabe que ganar es bonito, pero lo mejor es jugar en equipo y ayudarse.
Al final, Sofía y sus amigas se sientan en el césped. Beben agua y se cuentan chistes. El entrenador se acerca: “Estoy orgulloso de vosotras. Hoy habéis jugado con valor y amistad”.
Sofía mira a sus amigas, les da un abrazo y dice con una gran sonrisa: “¡Hasta mañana, campeonas!”. Se va a casa, tranquila y feliz, soñando con nuevos partidos y amistades.