La misión sorpresa
El teléfono hace RIN-RIN en un piso alto de la ciudad. Un hombre adulto, con botas rojas y sonrisa chispita, contesta.
—¿Diga? Soy Señor Chispa.
—¡Auxilio brillante! —dice la directora del Museo Moderno del ¡Oh!—. Abrimos en una hora. Todo está patas arriba. ¡Ven rápido!
—¡Voy volando en mi patín turbo! —responde él.
La ciudad zumba alegre. Los semáforos hacen bip bip. Un dron saluda: zzz-zzz. Señor Chispa llega al museo y frena con un PSSSS. En la puerta, el vigilante Tico le entrega algo suave.
—Este es un casco anti-brouhaha suave —dice Tico—. Si hay demasiado ruido, te hace “shhh” en las orejas. Mágico y blandito.
Señor Chispa se lo pone. Es mullido como nube y huele a galleta de vainilla.
—¡Perfecto para ordenar con calma! —dice él, guiñando un ojo.
Dentro, ¡caos de comedia! Un esqueleto de dinosaurio baila CLAC-CLAC. Una momia estornuda, ¡atchís!, y se desenrolla como cinta. Un cuadro de un gato está torcido y maúlla: miau-plic, miau-ploc. Un robot aspiradora corre TACA-TACA por todas partes.
—Tranquilos —dice Señor Chispa—. Tengo poderes raros pero útiles. Palmas magnéticas, burbujas guardalonas y nariz que huele líos.
El museo hace bromas
Señor Chispa aplaude. ¡PAM! Las palmas magnéticas atraen cosas… ¡y todo se pega al techo! Una espada, un paraguas-lámpara, tres pelotas saltarinas. Plaf, plaf, plaf.
—Eh, techo, no seas imán —dice él, riendo—. ¡Error divertido!
El esqueleto de dinosaurio aplaude también. CLAC, CLAC.
—¡Yo quiero ayudar! —cruje.
—Ayuda contando —dice Señor Chispa—. Cuenta hasta tres y paras de bailar.
—Uno… dos… —El dino se detiene—. ¡Tres! CLAC.
—¡Bien hecho! —dice Señor Chispa.
El cuadro del gato habla:
—Si me enderezas, ronroneo.
—Trato —dice él. Sopla una burbuja guardalona. ¡Blup! La burbuja abraza el cuadro, lo gira suave y lo deja rectito. Ron-ron… ¡miau feliz!
La momia rueda como un churro por el pasillo. Bruuum, papel, papel, papel.
—¡Alto, señora Momia! —Señor Chispa se agacha y frena el rollito con una mano—. Te volveré a envolver con cariño.
La momia asiente con ojos brillantes. Señor Chispa usa sus burbujas guardalonas como manos blanditas. ¡Blup-blup! Una burbuja sostiene la punta, otra enrolla despacio. Queda lista, con un lacito.
—¡Gracias! —dice la momia—. ¡Eres muy amable!
—Paso a pasito —responde él—. Ordenar lleva tiempo.
El robot aspiradora TACA-TACA se pone juguetón y le muerde la bota. ÑAC.
—Oye, Taca-Taca, ¡eso no se come! —Señor Chispa da un saltito—. Ven, te doy trabajo real.
Le señala una montaña de confeti en la sala de fiestas.
—Allá. ¡ZZZUM! —El robot se va contento.
RIN-RIN. La pantalla dice: “Faltan 30 minutos”.
Señor Chispa respira y se pone bien el casco anti-brouhaha suave. El casco hace “shhh” cariño. Todo suena más tranquilo. El corazón va pum-pum y se calma.
—Puedo con esto —susurra—. Perseverar, perseverar.
Plan sencillo:
—Primero, sala de dinosaurios. Luego, sala de botones. Después, la entrada.
En la sala de dinosaurios, huele a polvo divertido. Las palmas magnéticas ahora van con cuidado. ¡Pam! Hueso por hueso baja del techo: clinc, clonc, clanc. El dino vuelve a su postura. Levanta la cola como si posara para una foto.
—¡TA-DA! —dice Señor Chispa.
—¡TA-DA! —responden los huesos.
En la sala de botones, hay mil botones de colores para tocar. Un niño invisible ha dejado todos en “ON”. Luces parpadean: pip-pip-pip. Señor Chispa saca su nariz de líos. Snif, snif… huele a botón rojo travieso.
—Te vi —dice. Toca uno por uno con una varita de pluma. Plim, plam, plum. Las luces bajan. El casco le susurra shhh. La sala sonríe.
RIN-RIN. “Faltan 15 minutos”.
—¡A la entrada! —corre.
En el vestíbulo, hay un montón de capas brillantes del museo-tienda. Parecen un arcoíris desordenado. Azules en la lámpara, doradas en el banco, verdes en una estatua que hace pssst.
—Capas, ¡a su percha! —Señor Chispa aplaude suave. ¡Pam! Las capas vuelan, giran, hacen ¡fiu-fiu! Pero una capa plateada se le sube a la cabeza.
—¡Hola, soy elegante! —dice la capa.
—Pues ven elegante a la fila —responde él, con risa. La saca con un toque y la cuelga.
De pronto, la aspiradora Taca-Taca vuelve con demasiada energía: TACA-TACA-TACA. Persigue una pelota. La pelota salta ¡boing!, entra en la sala de dinosaurios.
—¡No por la cueva de fósiles! —grita Señor Chispa. Corre, salta, ¡ZAS! La atrapa con una burbuja guardalona. ¡Blup!
—Gracias por jugar, pero ahora, ¡a descansar! —dice, y deja la pelota en la cesta.
RIN-RIN. “Faltan 5 minutos”.
Aún hay un problema: cosas pegadas al techo. Señor Chispa mira arriba. Un paraguas-lámpara tiembla. Una espada hace brilli-brilli.
—No me rindo —dice—. ¡Una más!
Se pone el casco bien bajito. Shhh. Aplaude con ritmo lento. Pam… pam… pam. Las palmas magnéticas ya no llaman al techo. Llaman al suelo. ¡Plim! El paraguas baja. ¡Plam! La espada baja. ¡Plum! Las pelotas bajan y se quedan quietas, como cachorritos.
TA-DA y túnel de capas
La directora aparece corriendo.
—¿Listo? ¡Abrimos en un minuto!
—Listo y reluciente —dice Señor Chispa—. ¡TA-DA!
Las puertas se abren con ¡chac! Entran niños, mamás, abuelos. Hay risas, ohhh y ahhh. El gato del cuadro maúlla feliz. La momia saluda con una manita. El dinosaurio posa para selfies: CLAC-clac.
Entonces, la banda del museo trae las capas de la tienda. Son de purpurina: doradas, azules, rojas, plateadas. Los guías y algunos héroes del barrio se colocan a los lados y levantan sus capas. Forman un túnel de capas brillantes. Un túnel chispeante, como un arco iris que hace ¡fiu-fiu!
—¡Pasen por el túnel mágico! —anuncia la directora.
Los niños gritan:
—¡Súper-túnel! ¡Súper-túnel!
Señor Chispa se pone la capa plateada elegante. Respira. No hubo trucos raros. Hubo paciencia. Hubo risas. Hubo perseverancia. Camina al frente.
—Esto es para todos los que no se rinden —dice.
Cruza el túnel. Las capas brillan como estrellas. Tintín, tintín. Al salir, los niños aplauden. ¡PAM PAM PAM!
—¿Cómo lo hiciste? —pregunta una niña con trenzas.
—Paso a pasito —dice él—. Cuando algo no sale, probamos otra vez. Y otra. Y otra. Con calma. Y con casco blandito.
La niña toca el casco anti-brouhaha suave.
—Es suave como nube.
—Y tú eres fuerte como montaña —responde Señor Chispa.
El museo queda ordenado y alegre. La ciudad zumba contenta. Y cada vez que alguien dice “¡Qué lío!”, se oye una risa y un ¡TA-DA! que invita a seguir, sin rendirse, brillando debajo de un túnel de capas.