Capítulo 1: El extraño desayuno de Superbigote
Había una vez un superhéroe muy especial llamado Superbigote. Superbigote tenía los bigotes más grandes, peludos y divertidos del mundo. No solo eran muy bonitos, también tenían poderes mágicos. ¡Con sus bigotes podía volar, atrapar cosas y hasta hacer cosquillas a los villanos para que se rieran tanto que se olvidaran de portarse mal!
Un día soleado, Superbigote se despertó en su cama de plumas azules. Se estiró, bostezó y su bigote hizo ¡zaz! girando en el aire como helicóptero. Cada mañana, Superbigote desayunaba cereales saltarines que daban brincos en la leche.
—¡Buenos días, bigote! —dijo Superbigote mirando al espejo.
Pero esa mañana pasó algo raro. Cuando quiso usar su bigote para abrir la leche, ¡el bigote solo sopló burbujas! ¡Burbujas rosadas y brillantes por toda la cocina!
—¡Esto no es volar! —gritó Superbigote riendo—. ¡Esto es una fiesta de burbujas!
Las burbujas subían y subían, llenando la cocina. Súperbigote intentó volar, pero solo flotó despacito en una burbuja gigante. Daba vueltas, reía y no podía bajar. El bigote, en vez de ayudar, hacía cosquillas en su propia nariz.
—¡Achís! —estornudó Superbigote, y la burbuja explotó.
—¿Qué pasa con mi bigote hoy? —preguntó, rascándose la barba.
Capítulo 2: El rescate en el parque y el bigote travieso
Después del desayuno, Superbigote salió a la calle. Era lunes, y los lunes siempre salvaba gatos de los árboles del parque. Caminando con su capa roja y su pijama a rayas, todos lo saludaban.
—¡Hola, Superbigote! —gritaban los niños.
Pero cuando Superbigote llegó al parque… ¡escuchó un maullido!
—¡Miau! ¡Miau! —era el gato Don Gato, atrapado en la rama más alta.
Superbigote apuntó su bigote hacia arriba y gritó:
—¡Bigote volador, ¡adelante!
Pero el bigote no voló. En vez de eso, se estiró y se puso a jugar a la cuerda floja entre las ramas.
—¡Oh no! —suspiró Superbigote—. ¡Este no es momento de jugar!
Los niños reían al ver al héroe colgado de una rama y al bigote brincando de aquí para allá.
—¡Agárrate, Don Gato! —dijo Superbigote.
El gato saltó justo al bigote, que volvió a soplar burbujas por todas partes. ¡El gato cayó en una burbuja y empezó a flotar!
—¡Miau y glub! —hacía el gato, muy divertido.
Superbigote saltó y, con mucho cuidado, pinchó la burbuja con su dedo.
¡Plof! Don Gato aterrizó suave en el césped.
—¡Gracias, Superbigote! —dijeron los niños.
Superbigote se rió. Nadie había rescatado a un gato con burbujas antes. Pero su bigote seguía haciendo cosas raras.
Capítulo 3: Un superhéroe en el supermercado
Superbigote también tenía que hacer la compra. Fue al supermercado, empujando el carrito con su bigote. Normalmente, usaba su bigote para alcanzar los cereales en el estante alto. Pero hoy, cuando lo intentó, el bigote se puso muy travieso.
Primero, agarró una caja de cereales, pero ¡ups! Se le cayó encima una caja de galletas, luego una de zumo y al final una montaña de rollos de papel higiénico.
—¡Ay, bigote! ¡Hoy estás muy juguetón! —dijo Superbigote, riéndose.
Las cajas cayeron como una avalancha de colores. Los niños que estaban en la tienda no podían parar de reír. El bigote se enredó con las bolsas y empezó a girar como una bailarina.
—¡Atención todos! ¡Superbigote va a hacer un truco! —anunció un pequeño niño.
Superbigote se puso de puntillas. El bigote formó un lazo y ¡zas! recogió todas las cajas y las puso de vuelta en los estantes. Bueno, casi todas. Un paquete de espaguetis quedó colgando del bigote como si fuera una cuerda de saltar.
—¡Sorpresa! —dijo Superbigote—. Hoy, el bigote hace magia de espaguetis.
Todos los clientes aplaudieron. Aunque el bigote hacía cosas muy raras, Superbigote siempre encontraba la manera de que todo saliera bien. Pero él pensaba: “¿Por qué mi bigote no hace lo que yo quiero?”
Capítulo 4: La gran aventura de las burbujas y la risa
Esa tarde, Superbigote se sentó en su jardín. Estaba un poco cansado. Se miró el bigote en el reflejo de la regadera.
—¿Por qué hoy eres tan bromista? —le preguntó al bigote.
De repente, escuchó una voz: era su bigote.
—¡Hoy es el día internacional de las bromas! —dijo el bigote, temblando de risa—. ¡Los superbigotes de todo el mundo hacen tonterías hoy!
Superbigote abrió los ojos muy grande y se echó a reír.
—¡Eso lo explica todo! —dijo—. ¡Hoy no puedo controlar los poderes porque el bigote quiere jugar!
Justo entonces, una nube de burbujas se acercó y empezó a cubrir todo el jardín. Los vecinos salieron con toallas y paraguas, pero las burbujas no mojaban. Eran burbujas de risa. Cuando una burbuja tocaba a alguien, le daba un ataque de risa tan grande que tenía que sentarse en el suelo.
Superbigote gritó:
—¡No teman! ¡Las burbujas son seguras! ¡Solo dan cosquillas y risas!
Los niños corrían tras las burbujas, tratando de atraparlas. Hasta el perro Bobby se puso a saltar y atrapar burbujas con la boca.
—¡Guau! —decía Bobby—. ¡Son burbujas con sabor a galleta!
Superbigote pensó: “Si mi bigote quiere hacer bromas, ¡voy a ser el superhéroe más divertido del barrio!”
Así que, con una reverencia, Superbigote hizo un truco. El bigote se retorció, giró y de pronto, ¡sacó una cuerda de saltar gigante! Todos los niños saltaron juntos, y Superbigote también.
—¡Uno, dos, tres, ¡salta! —gritaban—. ¡Viva Superbigote y su bigote bromista!
Al final del día, todos estaban cansados de tanto reír y saltar. Las burbujas se deshicieron al atardecer y el bigote, por fin, dejó de hacer bromas.
Superbigote se miró en el espejo antes de dormir.
—Bigote, hoy fue un gran día. Hicimos reír a todos y todos estuvieron seguros. Incluso cuando los poderes no funcionan como siempre, ¡podemos encontrar nuevas maneras de ayudar!
El bigote ronroneó feliz y Superbigote se metió en la cama. Soñó con burbujas, gatos que vuelan y supermercados llenos de risas.
Y colorín colorado, este cuento tan divertido se ha terminado. Pero recuerda: ¡si tienes un bigote bromista, solo necesitas una sonrisa y muchas ganas de reír!