Capítulo 1: El Misterioso Vecino
En una calle tranquila, cuatro amigas jugaban cada tarde. Martina, la más risueña, siempre saltaba primero a la cuerda. Junto a ella estaban Valentina, que reía con su risa de campana, Lucía, que adoraba coleccionar flores, y Sofía, la más valiente de todas, o eso decían.
Un día, mientras dibujaban con tizas de colores en la acera, una sombra grande apareció en la vereda de enfrente. Era un señor alto, con barba y un sombrero extraño. Martina se puso rígida y dejó caer su tiza azul.
—¿Quién es ese? —preguntó Valentina, con los ojos muy abiertos.
—No lo sé, nunca lo he visto —susurró Lucía.
Martina sintió un cosquilleo en la barriga. No le gustaba ver adultos que no conocía. Se escondió un poco detrás de Sofía y se agarró fuerte a su mano.
El señor cruzó la calle y saludó con la mano. Las niñas se quedaron muy calladas, menos Sofía, que devolvió el saludo con timidez.
—¿Por qué no hablamos? —susurró Valentina.
—Me da miedo —dijo Martina bajito—. No sé si es bueno.
Las amigas se acercaron y la rodearon como un abrazo de grupo. Sabían que Martina era valiente para saltar y correr, pero que los adultos nuevos la hacían sentir pequeña.
Capítulo 2: Un Plan de Amistad
Durante el recreo, las cuatro hablaron de lo ocurrido.
—A veces, los adultos parecen grandes monstruos —dijo Lucía, mirando al cielo—, pero solo son personas grandes.
—¿Y si le preguntamos a la abuela de Valentina? Ella conoce a todos —propuso Sofía.
Por la tarde, fueron a casa de Valentina. Su abuela tejía en el porche, con una sonrisa dulce.
—Abuela, ¿quién es el señor del sombrero? —preguntó Valentina.
—¡Ah! Es el señor Ramón, el nuevo vecino. Es muy amable, le gustan las plantas y tiene un perro llamado Coco —explicó la abuela.
Martina suspiró, pero aún sentía miedo.
—¿Y si no le gustan los niños? —preguntó.
La abuela le acarició el pelo.
—A veces las personas parecen serias, pero eso no significa que sean malas. Si quieres, mañana podemos saludar juntas —dijo, guiñándole un ojo.
Las amigas se miraron. Tenían un plan: al día siguiente, saludarían al señor Ramón juntas, como un equipo.
Capítulo 3: El Gran Saludo
Al día siguiente, Martina despertó nerviosa. No quería salir, pero sus amigas la esperaban en la puerta. Cogió su camiseta favorita y respiró hondo.
—¡Vamos, Martina! —animó Sofía, dándole la mano.
Cruzaron la calle despacio. El señor Ramón regaba sus flores. Coco, el perrito, movía la cola.
—Buenos días —dijeron las cuatro a la vez, apretando las manos unas de otras.
El señor Ramón sonrió.
—¡Buenos días, chicas! ¿Os gustan las flores? ¿Queréis ayudarme a plantar unas semillas?
Martina miró a sus amigas. Tenía miedo, pero verlas tan cerca le daba valor. Dio un paso adelante y asintió.
—Sí, por favor —dijo, con una voz pequeña.
El señor Ramón les dio semillas y una regadera. Coco olisqueó los zapatos de Martina, y ella se rió sin querer. Pronto, todas estaban cavando la tierra y plantando flores de colores.
—¡Muy bien, equipo! —dijo el señor Ramón—. Cuando crezcan, serán un jardín precioso.
Capítulo 4: Orgullo y Sonrisas
Al terminar, Martina se sentía ligera y feliz. Había superado su miedo, con ayuda de sus amigas. El señor Ramón les dio la mano, y Coco lamió la cara de Martina, que soltó una carcajada.
—Gracias por ayudarme, chicas —dijo el señor Ramón—. Ahora somos amigos.
De regreso a casa, Martina saltaba como un canguro. Sus amigas la abrazaron.
—¡Lo hiciste genial! —dijo Valentina.
—¡Eres valiente! —añadió Lucía.
—No estaba sola —respondió Martina—. Con vosotras, todo es más fácil.
Esa noche, Martina se fue a dormir con una sonrisa tranquila. Sabía que los adultos desconocidos podían dar miedo, pero con sus amigas a su lado, podía enfrentarse a cualquier cosa. Y, poco a poco, descubría que la valentía también era compartir los miedos y buscar juntos la amistad.