Capítulo 1: Un día especial
Martín tiene cinco años y es un niño muy curioso. Le gusta mirar los pájaros por la ventana, jugar con sus coches de colores y hacer preguntas a su mamá. Pero hoy, Martín se siente un poco extraño. Hoy es un día diferente. Hoy tiene que ir al médico para ponerse una vacuna.
Martín se despierta temprano. El sol entra por la ventana y pinta la habitación de amarillo. Pero Martín no sonríe. Se queda en la cama, abrazando fuerte a su peluche favorito, el osito Bruno. Siente un pequeño nudo en la barriga. No le gusta ir al médico. No le gusta nada la idea de la vacuna.
—Mamá, ¿tengo que ir de verdad? —pregunta Martín, con voz bajita.
—Sí, cariño —responde su mamá, con una sonrisa suave—. El doctor te cuidará mucho. Es solo un pinchazo pequeño. Y después, haremos algo divertido juntos.
Martín piensa en el pinchazo. Piensa en la sala blanca del médico, en la bata blanca, en el olor a limpio y en el sonido de los papeles. Siente miedo. No quiere que le duela. No quiere llorar delante de nadie.
Bruno, su osito, parece mirarlo también con ojos grandes. Martín abraza a Bruno más fuerte.
—¿Puedo llevar a Bruno conmigo? —pregunta Martín.
—Por supuesto —dice su mamá—. Bruno puede venir contigo y ayudarte a ser valiente.
Martín se viste despacio. Se pone su camiseta favorita, la de rayas azules y rojas. Se pone los zapatos nuevos, los que tienen luces. Mira a su mamá y a Bruno. Se siente un poquito mejor, pero el miedo sigue ahí, escondido en la barriga.
Capítulo 2: Camino al médico
Martín y su mamá salen de casa. El sol brilla y los pájaros cantan en los árboles. El camino está lleno de flores de colores. Martín camina despacio, agarrando la mano de su mamá y apretando a Bruno contra el pecho.
—Mamá, ¿la vacuna duele mucho? —pregunta Martín, mirando sus zapatos con luces.
—Puede que te pinche un poquito, como una picadura de mosquito —responde su mamá—. Pero pasa rápido, muy rápido. Y tú eres muy, muy valiente.
Martín piensa en los mosquitos. A veces pican, pero no duele tanto. A veces ni se da cuenta. Su mamá le sonríe y le aprieta la mano con cariño.
—¿Sabes qué? —dice su mamá—. Cuando yo era pequeña, también tenía miedo de las vacunas. Pero la enfermera me decía que podía respirar hondo y pensar en algo bonito. ¿Quieres probarlo?
Martín asiente despacio. Respira hondo, como le enseña su mamá. Piensa en su parque favorito, en los columpios, en la risa de sus amigos. Piensa en Bruno y en la tarta de chocolate que le gusta tanto.
Al llegar al centro médico, Martín ve a otros niños con sus papás. Algunos juegan, otros miran libros. Martín se sienta en una silla y pone a Bruno en su regazo. Mira a su alrededor. Hay dibujos de animales en las paredes y una enfermera sonriente en la puerta.
—¿Tienes miedo, Martín? —pregunta su mamá en voz baja.
Martín asiente. No quiere mentir. El miedo sigue en su barriga, pero ahora también siente un poco de curiosidad.
—¿Y si hablas con la enfermera? —propone su mamá—. Puedes contarle cómo te sientes.
Martín mira a la enfermera. Tiene el pelo rizado y una sonrisa grande. Martín se arma de valor y se acerca, con Bruno en la mano.
Capítulo 3: Compartir el miedo
—Hola, Martín —dice la enfermera—. ¿Cómo estás hoy?
Martín mira el suelo y luego a Bruno.
—Tengo miedo —dice, muy bajito—. No quiero que me pinchen.
La enfermera se agacha para estar a su altura. Le habla con voz tranquila y suave.
—Es normal tener miedo —dice—. Muchos niños sienten lo mismo que tú. ¿Quieres que te explique lo que voy a hacer?
Martín asiente. La enfermera saca una cajita de colores y una tirita con dibujos de dinosaurios.
—Primero vamos a limpiar tu brazo con un algodón suave —explica—. Luego, el pinchazo será muy rápido, y después pondremos esta tirita tan chula. ¿Te gustan los dinosaurios?
Martín sonríe un poquito. Le gustan mucho los dinosaurios.
—¿Puedo abrazar a Bruno mientras me pinchas? —pregunta Martín.
—¡Claro que sí! —responde la enfermera—. Bruno es un gran ayudante.
Martín se sienta en la camilla. Su mamá le acaricia el pelo y le dice que lo está haciendo muy bien. La enfermera le habla de los dinosaurios y de cómo ellos también eran valientes. Martín respira hondo, como le enseñó su mamá. Abraza a Bruno y cierra los ojos.
Siente el algodón frío. Luego, un pequeño pinchazo, rápido como un mosquito. Antes de que pueda decir nada, la enfermera ya ha terminado.
—¡Listo! —dice, pegando la tirita de dinosaurio en su brazo—. ¡Eres muy valiente, Martín!
Martín abre los ojos. No ha sido tan malo. No ha dolido mucho. Mira a su mamá, que le sonríe, y a Bruno, que parece orgulloso.
—¿Ya está? —pregunta Martín, sorprendido.
—¡Ya está! —dice la enfermera—. Ahora puedes elegir una pegatina de premio.
Martín elige una pegatina de estrella dorada. Se la pega en la camiseta, justo en el centro. Se siente feliz y un poco más grande.
Capítulo 4: Un gran descubrimiento
Al salir de la consulta, Martín se siente ligero. El miedo ya no está en la barriga. Su mamá le da un abrazo fuerte.
—Estoy muy orgullosa de ti —le dice—. Has sido muy valiente.
Martín sonríe. Se siente valiente de verdad. Mira a Bruno, que lo ha acompañado todo el rato. Mira la tirita de dinosaurio en su brazo y la pegatina de estrella en su camiseta.
—Mamá, me ha gustado hablar con la enfermera —dice Martín—. Me ha ayudado a no tener tanto miedo.
—Hablar de nuestros miedos siempre ayuda —dice su mamá—. Cuando compartimos lo que sentimos, todo es más fácil.
Martín piensa en eso. Piensa en cómo se sentía antes, con miedo y solo. Piensa en cómo se siente ahora, acompañado y tranquilo. Sabe que puede contar siempre con su mamá, con Bruno y con los adultos que lo cuidan. Sabe que está bien tener miedo a veces, pero que compartirlo lo hace más pequeño.
De camino a casa, Martín y su mamá pasan por el parque. Se balancean en los columpios, juegan a la pelota y se ríen juntos. Martín se siente feliz. Se siente fuerte. Sabe que, aunque tenga miedo, siempre puede pedir ayuda y contar lo que siente.
Esa noche, antes de dormir, Martín abraza a Bruno y le susurra:
—Hoy hemos sido muy valientes. Y mañana, si tengo miedo, lo contaré otra vez.
Martín cierra los ojos, tranquilo y sonriente. El miedo ya no es tan grande. Ahora sabe que puede enfrentarlo, siempre con ayuda y con mucho, mucho cariño.