Luna es una mujer piloto. Vive en una nave pequeña y blanca. La nave hace “bip-bip” y “zum-zum”. Luna sonríe. “Vamos al espacio”, dice.
Primero, Luna mira los botones. Uno rojo. Uno verde. Uno azul. “Uno, dos, tres”, dice. Toca el verde: “clic”. Toca el azul: “clic”. La nave tiembla suave: “brrr”. Luna se ata el cinturón. “Listo”, responde ella.
La nave sube. “Fuuuu”. La Tierra se ve redonda y bonita por la ventana. Luna mira y respira. “Hola, nube”, dice. “Hola, mar”.
En el panel hay una luz amarilla. “Oh”, dice Luna. La luz dice “pip-pip”. Es poca energía. Luna no se asusta. Abre una caja. Dentro hay un sol pequeño, una pila solar. “Hop”, dice. La pone en su sitio. “Clac”. La luz se vuelve verde. “Muy bien”, dice Luna.
Ahora viaja a la Luna. En el camino ve estrellas. Brillan: “ti-ti-ti”. Luna apunta la nave despacio. “Giro suave”, dice. La nave gira: “whoosh”. Todo va calmado.
Al llegar, Luna baja. “Pof”. Sus botas pisan polvo gris: “puf-puf”. Ella deja una banderita y una carta pequeña. En la carta hay un dibujo de un corazón y una casa. “Para todos”, dice.
Luego vuelve a la nave. “Toc-toc”, cierra la puerta. Mira el panel. Verde. Verde. Verde. “Casa”, dice Luna. La nave va: “zum-zum”. La Tierra crece en la ventana.
Luna aterriza y abraza su casco. “Gracias, nave”, dice.
Moraleja: Con calma, cuidado y cariño, el viaje más grande se hace paso a paso.