Capítulo 1: La habitación oscura
Pablo era un niño de cuatro años. Le encantaba jugar, correr y reír. Pero había algo que le daba un poco de miedo: la oscuridad. Cuando llegaba la noche, Pablo miraba a su alrededor y decía: “¡Ay, qué oscuro está todo!”
Una noche, su mamá le dijo: “Pablo, es hora de dormir. Tu habitación está lista.” Pablo miró la puerta de su habitación y sintió un cosquilleo en su barriguita. “Mamá, tengo miedo de la oscuridad”, dijo.
Su mamá se agachó y le sonrió. “No te preocupes, cariño. La oscuridad no es mala. Vamos a hacer algo divertido. ¿Quieres que te cuente una historia?”
Pablo asintió con la cabeza. “Sí, por favor.”
Capítulo 2: La historia del lucero
Su mamá comenzó: “Había una vez un lucero que brillaba en el cielo. Cada noche, cuando todo estaba oscuro, el lucero iluminaba el camino de los animales del bosque. Los conejitos, las ardillas y las aves se sentían seguros porque el lucero les mostraba el camino.”
Pablo escuchaba atentamente. “¿Y qué pasó después, mamá?” preguntó.
“El lucero dijo: ‘No tengan miedo, amigos. La noche es un lugar mágico. Pueden soñar y descansar.' Y así, los animales se fueron a dormir, y el lucero siguió brillando.”
Pablo sonrió. “¿El lucero siempre está ahí?”
“Sí, siempre está ahí”, respondió su mamá. “Como los sueños, la oscuridad puede ser hermosa.”
Capítulo 3: Sin miedo a la oscuridad
Después de la historia, Pablo se sintió un poco más valiente. “Mamá, ¿puedo tener una luz pequeña?” preguntó.
“Claro que sí, Pablo. Una luz suave puede ayudarte a sentirte mejor”, dijo su mamá mientras encendía una lámpara de noche. El cuarto se iluminó con una luz suave y cálida.
“Ahora puedo ver mis juguetes”, dijo Pablo, riendo. “Y el lucero también está aquí.”
“Exacto, cariño. Siempre puedes imaginar que el lucero te cuida”, le dijo su mamá. “La oscuridad no es tan aterradora si pensamos en cosas bonitas.”
Pablo se metió en su cama y se sintió seguro. “Gracias, mamá. No tengo miedo de la oscuridad ahora.”
“Recuerda, siempre puedes hablar conmigo si sientes miedo. Estoy aquí para ti”, dijo su mamá mientras le daba un beso en la frente.
Esa noche, Pablo durmió tranquilo, soñando con luceros y aventuras. La oscuridad se convirtió en su amiga.