En un mundo lleno de estrellas brillantes y naves espaciales relucientes, vivía un hombre llamado Tomás. Tomás era un astronauta muy especial. Todos decían: "¡Tomás sabe viajar por el espacio!"
Un día, Tomás recibió una misión muy importante. Tenía que viajar a una estrella lejana y construir una casa nueva en un planeta azul. Tomás estaba emocionado. "¡Voy a ver cosas maravillosas!" dijo.
Tomás subió a su nave espacial. La nave era grande y brillante. Cuando la nave despegó, Tomás dijo: "Adiós, Tierra. ¡Hola, estrellas!"
En el espacio, Tomás vio muchas cosas. Había estrellas de colores, planetas que giraban, y lunas que brillaban. Cada estrella decía: "¡Brilla, brilla, brilla!"
Finalmente, Tomás llegó al planeta azul. "Este es mi nuevo hogar," dijo Tomás. Empezó a construir una casa. "Con cuidado, con cuidado," decía mientras trabajaba. Sus amigos, los robots ayudantes, también decían: "Construir, construir, construir."
Cuando la casa estuvo lista, Tomás estaba muy feliz. Tenía un nuevo hogar bajo las estrellas. Miró al cielo y dijo: "Gracias, estrellas, por su luz."
Tomás había cumplido su misión. Y cada noche, miraba las estrellas y soñaba con más aventuras. "Buenas noches, estrellas," decía. Y las estrellas respondían: "Buenas noches, Tomás." Fin.