En un bosque lleno de colores, vivía un serpiente llamado Tito. Tito era un serpiente muy simpático que siempre llevaba una bufanda de rayas, aunque no tenía cuello.
Un día, Tito decidió visitar a su amigo Pato, que vivía cerca del lago. Al llegar, Tito saludó alegremente, "¡Hola, Pato!"
"¡Hola, Tito!", respondió Pato, chapoteando en el agua. "¡Ven, vamos a buscar unas ricas bayas!"
Tito y Pato se adentraron en el bosque. En el camino, se encontraron con Conejo, que estaba saltando muy alto.
"¡Mira cómo salto!", dijo Conejo, intentando alcanzar una hoja alta. Pero, ¡oops!, la hoja se rompió y Conejo cayó suavemente sobre Tito, haciéndolo reír.
"¡Eso ha sido divertido!", dijo Tito. "Vamos a buscar más aventuras."
Caminando un poco más, se toparon con Ardilla, que intentaba abrir una nuez grande.
"¡Uf, esta nuez es muy dura!", se quejó Ardilla.
"¡Tito te puede ayudar!", sugirió Pato.
Tito enrolló su cola alrededor de la nuez y, con un giro rápido, ¡crac!, la nuez se abrió. Todos rieron y compartieron las nueces jugosas.
Al final del día, Tito, Pato, Conejo y Ardilla estaban contentos y llenos de aventuras. Y Tito pensó que ayudar a los amigos siempre llenaba el corazón de alegría.