En el prado suave, Pipo el perro movía la cola, pum pum. Olía a pan y a flor. Pipo vio una caja roja con tapa.
«¡Guau! ¿Qué hay aquí?», dijo Pipo.
La caja hizo: ¡plop! La tapa saltó y salió un pato con un gorro verde. «¡Cuac! Yo soy Lolo», dijo el pato. El gorro era grande y le tapaba los ojos. Lolo chocó con un cubo. Clon.
Pipo se rió: «Je, je. Mira, Lolo». Pipo empujó el gorro un poco. «Ahora ves».
De la caja salió una rana con una pajarita azul. «¡Croac! Yo soy Rina». Quiso saludar y ¡zas!, su pajarita se pegó al hocico de Pipo. Pipo estornudó: «¡Achís!». La pajarita voló y cayó en la cabeza del pato. Lolo miró raro y dijo: «¡Soy un pato muy fino!».
También salió un gato con un tambor. «Miau, yo soy Tino». Tocó: tum tum. La caja vibró y empezó a rodar despacio. Rodó hasta un charco. Plaf.
Pipo saltó y puso su pata delante. «Alto, caja». La caja paró. Todos aplaudieron: clap clap.
Se sentaron cerca, tranquilos. Pipo abrió la caja y dentro había galletas. «Ñam», dijo Rina. «Cuac», dijo Lolo. «Miau», dijo Tino. Pipo dijo: «Guau».
Aprender y reír es más dulce cuando lo hacemos juntos.