Era una vez un gallo llamado Pío. Pío era un gallo muy aventurero. Le encantaba correr y jugar en la granja. Un día, Pío decidió hacer una carrera con sus amigos. "¡Carrera, carrera!", gritó Pío.
Los animales de la granja vinieron. La vaca Lola, el cerdo Pepo y la oveja Tina estaban listos. "¿Listos, amigos?", preguntó Pío. "¡Listos!", respondieron todos.
Pío dijo: "¡A la cuenta de tres! Uno, dos, ¡tres!" Y todos salieron corriendo. Pío corría rápido, pero... ¡Oh no! Se tropezó con una piedra. "¡Ay!", gritó Pío. Pero Pío se levantó y siguió corriendo.
Lola la vaca se rió. "¡Pío, ten cuidado!" Pero Pío solo sonrió. "¡Es divertido caer!", dijo Pío.
Más adelante, encontraron un charco. "¡Saltemos!", dijo Pepo el cerdo. Saltaron todos juntos. ¡Splash! ¡Agua por todas partes! "¡Qué diversión!", gritó Tina la oveja.
Después de saltar, Pío miró a sus amigos. "¿Seguimos corriendo?", preguntó. "¡Sí!", dijeron todos.
Luego, llegaron a la colina más alta. "¡La mejor vista!", dijo Pío. Todos miraron desde arriba. El sol brillaba y todo se veía hermoso. Pío dijo: "¡Vamos, amigos! ¡A seguir corriendo!"
Así que, corrieron y reían. Pío, Lola, Pepo y Tina jugaban juntos hasta que llegó la tarde. "¡Fue un gran día!", dijo Pío. "¡Sí!", dijeron todos.
Y así, Pío y sus amigos regresaron a la granja, riendo y felices. "¡Hasta la próxima aventura!", dijo Pío. "¡Hasta luego!", respondieron los demás. Fin.