En un pequeño pueblo de animales, vivía una gallina llamada Clara. Clara era una gallina soñadora. Le encantaba mirar las nubes y pensar en aventuras. Un día, mientras estaba en el corral, vio algo brillante en el cielo.
“¡Mira, un globo!” gritó Clara.
“¿Un globo?” preguntó su amigo, el pato Pedro, que era muy curioso. “¿Vamos a buscarlo?”
“¡Sí!” dijo Clara, emocionada. Así que Clara y Pedro comenzaron su aventura.
Caminaban y caminaban, cuando de repente, encontraron a la tortuga Tula, que estaba comiendo lechuga.
“¡Hola, Tula! ¿Quieres venir con nosotros a buscar el globo?” preguntó Clara.
“¡Claro! ¡Me encanta la lechuga!” respondió Tula, y se unió a la aventura.
Los tres amigos siguieron su camino. Al mirar hacia arriba, vieron el globo atrapado en un árbol muy alto.
“¿Cómo vamos a llegar?” preguntó Pedro.
“¡Saltemos!” dijo Clara, y saltó. Pero no llegó.
“¡Oh no! No puedo saltar tan alto,” dijo Clara, riendo.
“Yo tampoco,” dijo Pedro, moviendo su pato.
Tula pensó un momento. “¡Yo puedo escalar!” dijo con una sonrisa. Así que Tula escaló el árbol, mientras Clara y Pedro miraban asombrados.
Finalmente, Tula llegó al globo. “¡Lo tengo!” gritó. Y cuando el globo bajó, todos se pusieron a bailar y reír.
La gallina Clara, el pato Pedro y la tortuga Tula se volvieron los mejores amigos, y juntos, vivieron muchas más aventuras divertidas. ¡Qué felices eran!