Lola tenía 3 años y una lupa pequeñita. Le gustaba decir: “Soy detective”. Aquella mañana, en la cocina, pasó algo raro y suave: desapareció la galleta con forma de estrella que iba encima del plato azul.
Mamá miró la mesa y sonrió. “Vaya, detective Lola, ¿puedes ayudar?”
Lola asintió muy seria… y un poquito contenta.
Primero, Lola sacó una hoja y un lápiz. Dibujó un mapa. Hizo un cuadrado grande: la casa. Puso una X en la cocina. Dibujó flechas al salón, al pasillo y al baño. Luego dibujó el patio. “Para no perderme”, dijo.
Lola miró el plato azul. Había miguitas. “Pista número uno: migas”, susurró. Con su dedo, siguió las migas. Iban hacia el suelo, como un caminito.
En el suelo encontró algo más: una pelusa blanca. “Pista número dos: pelusa”, dijo Lola. “¿Quién tiene pelusa blanca?”
En el salón estaba Nube, el gatito, muy limpio. Nube bostezó. “Miau”.
Lola le preguntó: “¿Tú comiste la galleta?”
Nube solo se estiró. No había migas en su bigote.
Lola volvió a su mapa y dibujó un puntito en el salón: “Aquí no”.
Las migas seguían hacia el pasillo. En el pasillo había una huella pequeña, como de zapato. “Pista número tres: huella”, dijo Lola. Lola miró sus propios pies. Tenía calcetines, no zapatos. “No soy yo”, se rió.
En el baño oyó “¡achís!”. Era Papá, con un pañuelo. “Estoy bien”, dijo. “Solo estornudo”.
Lola vio en el suelo una gotita de agua. “Pista número cuatro: agua”, dijo. “¿La galleta se fue a nadar?” Lola soltó una risita.
Siguió el camino hasta el patio. Allí estaba su hermano Dani, sentado en una manta. Tenía un vaso de leche. Y al lado… una galleta con forma de estrella.
Dani abrió los ojos. “Ay… la cogí sin querer. Pensé que era para el patio”.
Mamá llegó y dijo: “Gracias por decir la verdad”.
Lola miró su mapa y dibujó una estrella en el patio. “Caso resuelto”, anunció. Dani partió la galleta en tres. Una para Lola, una para Dani y una mini para Nube.
Lola mordió su trocito y dijo: “Método: mirar, seguir pistas y preguntar”. Todos rieron suave. Y la casa volvió a sentirse tranquila y feliz.