Parte 1
Luna tiene 4 años y le gusta jugar a ser detective. Hoy, en casa, hay un misterio suave. En la sala está la mesa pequeña, el sofá y una cortina amarilla con lunares.
“Mmm… ¿dónde está mi osito Tito?”, pregunta Luna. Mira sus manos: vacías. Mira su cesta de juguetes: no está.
Mamá sonríe. “No pasa nada. Vamos a buscar juntas. Despacio.”
Luna se pone su “gorra de detective”, que es una diadema con una estrella. “Primero, pistas”, dice.
Ve tres cosas: una huella de galleta en el suelo, una cinta roja y la cortina un poco movida.
“¡La cortina!”, susurra Luna, con ojos grandes pero tranquilos. Se acerca. Toca la tela suave. “Hola, cortina. ¿Tú sabes algo?”
La cortina no habla, claro. Pero Luna observa bien. “Está como… gordita abajo”, dice. Se ríe un poquito. “Como si comiera un juguete.”
Parte 2
Luna mira a su perrito de peluche, Pancho, que está en el sofá. “Pancho, tú me ayudas. ¿Qué ves?”
Luna vuelve a mirar las pistas. La huella de galleta va hacia la mesa. Allí hay un plato con migas. También ve la cinta roja cerca de la pata de la mesa.
“Si hay migas, alguien comió aquí”, piensa en voz alta. “Tito no come galletas… yo sí.” Se ríe. “Pero Tito sí se esconde.”
Mamá pregunta suave: “¿Dónde se puede esconder un osito?”
Luna mira debajo del sofá. Nada. Mira detrás de una almohada. Nada. Luna no se enfada. Respira y dice: “Otra vez. Soy paciente. Soy detective.”
Vuelve a la cortina. Levanta un poco la tela. “Uno… dos… tres.” Y escucha: “crac-crac”. No es miedo. Es un sonido gracioso, como papel.
“¡Pista nueva!”, dice Luna. “Algo suena ahí.”
Parte 3
Luna abre la cortina con cuidado. Detrás, en el suelo, está Tito. Está envuelto en una bolsita de papel de la compra. Por eso sonaba “crac-crac”. Y junto a él está la cinta roja, como un lazo.
“¡Tito!”, dice Luna, y lo abraza. “Te encontré.”
Mamá aplaude bajito. “¿Cómo lo supiste?”
Luna cuenta con su dedo: “La cortina se movía. Abajo estaba gordita. Y sonaba crac-crac. Yo miré, miré, y no me rendí.”
En ese momento, el gato Miso pasa despacio y empuja la bolsita vacía con la patita. “Miau”, como diciendo: “Fue un juego.”
Luna se ríe. “Miso es un bromista detective.”
Mamá dice: “Caso cerrado. Ahora, merienda.”
Luna coloca a Tito en su cesta. Mira la cortina y le dice: “Gracias, cortina. Hasta el próximo misterio.” Luego se sienta tranquila, contenta y segura, con su osito en brazos.