Nico, Leo y Manu juegan en la sala. Son tres amigos. Tienen tres sombreros de papel. Tienen tres lupas de juguete. Hoy son detectives.
"¡Alerta de misterio!" dice Nico. Se ríe. Todos se ríen.
En la cocina, el frasco de galletas está vacío. Antes había galletas. Ahora no. Los tres miran el frasco. Sus ojos se abren.
"¿Quién tomó las galletas?" pregunta Leo. Su voz es suave. No hay miedo. Solo curiosidad.
Manu saca su lupa. "Busquemos pistas", dice. Nico toma una hoja. Leo agarra una factura. Manu tiene otra factura. Las facturas son papeles con números.
Las facturas vienen del panadero, de la tienda y del mercado. Los tres comparan. Miran los números. Miran los dibujos. Miran las fechas.
"Esta factura dice: hoy", dice Leo. La señala con el dedo. "Compraron galletas", añade. Todos miran.
Nico abre la factura del panadero. Hay una mancha de harina. "Harina", dice. Se huele con la mano en broma. Manu ríe.
La factura de la tienda tiene una pegatina de sol. "La tía puso esta", dice Manu. Señala la letra bonita. Los tres miran las letras. Son pequeñas. Las letras parecen huellas.
"¿Y esta?" pregunta Nico. Saca la factura del mercado. Tiene un dibujo de fruta. "No hay galletas aquí", dice Leo. Los tres asienten.
Deciden hacer una pista final. Ponen las facturas en fila. Hacen una fila como un tren. Repiten: panadero, tienda, mercado. Repiten otra vez. La repetición les da calma.
"Busquemos huellas", dice Manu. Miran el suelo. Hay migas. Pequeñas migas. Siguen las migas con cuidado. Las migas llevan al salón.
En el sofá encuentran una nota. La nota tiene una letra grande y amable. "Lo siento", dice la nota. Tiene un corazón dibujado. Los tres leen. Sus ojos brillan.
La nota dice: "Probé una galleta. Son ricas. Hice más. Vuelvo con ellas." La nota está firmada: Mamá. Los niños se miran.
"¿Mamá hizo galletas?" pregunta Leo. Todos miran la cocina. Huele a vainilla. Huele a horno. Es un olor cálido.
De pronto, mamá entra con una bandeja. Hay galletas nuevas. Huele bueno. Mamá sonríe. "Perdón por la sorpresa", dice. Su voz es suave. "Quería preparar una sorpresa."
Los tres amigos muestran las facturas. "Comparamos", dice Nico. "Vimos la factura del panadero", añade Manu. "También la de la tienda", dice Leo. Mamá aplaude. "Muy buenos detectives", dice ella.
Comen galletas con la leche. Esperan. Comparten. Se pasan las galletas con cuidado. Reparten: una para Nico, una para Leo, una para Manu. Repiten la palabra compartir. Repiten la risa.
"¿Qué aprendimos?" pregunta mamá. Los tres piensan. "Mirar pistas", dice Nico. "Comparar facturas", dice Leo. "Trabajar juntos", dice Manu.
La tarde es tranquila. Juegan a detectives otra vez. Hacen nuevas facturas de papel. Dibujan números y corazones. Inventan una tienda de caramelos. Sus voces son suaves y felices.
Antes de dormir, los tres resumen la aventura. Se sienten listos. Se sienten creativos. Se sienten felices.
Y así, el misterio de las galletas fue resuelto con amor, papel y risas.