Capítulo 1
Había una vez una niña llamada Maia. Maia tiene cuatro años. Le gustan las galletas y los gatos de peluche. Le gusta jugar al detective. Hoy Maia juega en el patio. El sol está suave. El viento mueve las hojas.
Maia ve algo en el suelo. Es una placa. La placa es pequeña y brillante. Tiene letras y dibujos. Maia la recoge con cuidado. "¡Mira!" dice Maia. "¿De quién será?" Maia se pone su gorra de detective. Su gorra es roja con una estrella. Se siente lista.
Maia piensa. Mira la placa otra vez. Hay letras grandes: L U N A. Y hay un dibujito de una luna. Maia sonríe. "Luna", susurra. "¿Será de una gatita?" Maia quiere investigar. Le gusta ayudar.
Capítulo 2
Maia camina por el patio. Salud a la señora Rosa del jardín. "Hola, Maia", dice la señora. Maia muestra la placa. "Encontré esto", dice Maia. La señora Rosa la mira. "Parece una placa para un gatito", dice ella. "Tal vez está perdido."
Maia siente un poco de preocupación. Quiere que el gatito esté bien. "¿Qué hacemos?" pregunta Maia. La señora Rosa le toma la mano. "Investiguemos juntos", responde. "Busquemos pistas."
Primero miran alrededor. Ven huellas pequeñas en la tierra. "Pistas", dice Maia. Las huellas son de patitas. Son puntitos suaves. Maia sigue las huellas. La señora Rosa camina despacio. "Cuidado", dice ella. "Paso a paso."
Las huellas llevan hasta el banco. Debajo del banco hay un paquetito de lana. Hay pequeñas bolas de pelo. Maia toca una bola. "Suave", dice. Maia sonríe. Luego ven un rastro de sardinas en una hoja. "¡Aha!" exclama Maia. "Alguien comió aquí."
Maia usa sus ojos de detective. Mira la placa otra vez. En la placa, además de LUNA, hay un número. Pero es un número con estrellas: ★2★. Maia frunce el ceño. "¿Qué significa esto?" pregunta. La señora Rosa sugiere: "Tal vez es una pista. Tal vez el número quiere decir dónde vive Luna."
Maia y la señora Rosa van por la calle. Saludan a un vecino con una bicicleta. "¿Has visto a un gatito?" pregunta Maia. El vecino niega con la cabeza. "Pero vi una casita con una luna pintada", dice él. "Está cerca." Maia pega los oídos. "Una casita con luna", repite. "Como la placa."
Encuentran la casita. En la puerta hay una luna pintada. La casa es azul. Maia siente cosquillas en la barriga. "¿Señora, hay gatitos aquí?" pregunta con voz suave. Una niña asoma por la ventana. "Mi gatita", dice la niña. "Se llama Luna. La placa es suya."
Maia muestra la placa. "La encontré en el patio", dice. La niña salta de alegría. "¡Gracias!" La niña se llama Ana. Ana abraza a su gatita. Tierra, el gatito, ronronea. Maia aplaude.
Pero hay algo más. Ana mira la placa y dice: "No es mi placa. Esta placa dice LUNA, pero mi placa tiene un corazón." Maia mira la placa otra vez. En la placa brillante hay un dibujo de luna y una estrella. En la otra placa hay un corazón pintado a mano. "Entonces quizás no es de Luna", dice Maia. El misterio sigue.
Maia siente que puede resolverlo. "Busquemos más pistas", dice. "Juntos." Repiten: "Juntos, juntos." Es un mantra que hace a Maia sentir segura.
Siguen buscando. Ven una caja en un porche. En la caja hay un peluche pequeño. Es un perro de trapo. Tiene una sonrisa. Junto al peluche, hay una nota en papel de colores. Maia la abre con dedos pequeños. En la nota hay letras grandes: "SOY LULÚ". Maia lee despacio. "S O Y L U L Ú", dice ella. La señora Rosa asiente. "La placa puede ser de Lulú", dice.
Maia piensa en la placa con LUNA. Las letras son parecidas. A veces las letras se confunden. Maia recuerda que su mamá dijo: "Mira bien las letras." Ella mira otra vez. En la placa brillante, la A tiene una mancha. La mancha parece una U. Maia se arrodilla. "¡Mira!" dice ella. "La A tiene una mancha. Puede ser una U." La señora Rosa mira y sonríe.
Maia usa su lupa de juguete. Mira las letras. "L U N A" ahora parece "L U L Ú" si la mancha cambia la forma. Maia dice con voz segura: "La placa dice LULÚ." Todos se sorprenden. La niña Ana pone una mano en la boca. "Mi amiga Lulú vive cerca", dice Ana. "Es la vecina de la casita azul."
Maia camina hacia la casita vecina. Toca la puerta. Una señora abre. Se llama Marta. Tiene el pelo en coleta. "¿Tienes un peluche Lulú?" pregunta Maia. Marta sonríe. "Sí, mi nieta Lulú lo perdió ayer." Marta mira la placa. "¡Ay! Esa placa es de Lulú. Gracias, Maia." Marta abraza a Maia con ternura. "Eres muy honesta", dice. "Me ayudas mucho."
Maia se siente feliz. Honesta. Útil. "Me gusta ayudar", dice Maia.
Capítulo 3
Marta llama a Lulú. Lulú corre a la puerta. Tiene trenzas y risas. Lulú reconoce su peluche. Corre y abraza al perrito de trapo. "¡Mi perrito!" grita Lulú. Lulú besa la placa. "Gracias, Maia", dice Lulú. "Eres mi detective favorita."
Maia entrega la placa. Lulú la coloca con cuidado en el collar del peluche. "Ahora está segura", dice Lulú. Todos se sienten contentos. La vecina Ana trae galletas para compartir. Maia prueba una. Está dulce. Maia ríe.
La señora Rosa le dice a Maia: "Hiciste bien en buscar pistas. Preguntaste. Fuiste honesta." Maia repite: "Buscar pistas. Preguntar. Ser honesta." Le gusta decirlo. Lo dice con voz suave. Lo dice con orgullo.
Antes de irse, Maia mira la placa una vez más. La placa brilla al sol. Tiene dibujitos: una luna y una estrella. Ahora Maia sabe que las letras pueden tener manchas. Sabe que leer con cuidado ayuda. Sabe que la verdad y la ayuda son valiosas.
Maia camina a casa. Su mamá la espera en la puerta. "¿Cómo te fue, detective?" pregunta mamá. Maia cuenta la historia con palabras cortas. "Encontré placa. Busqué pistas. Lulú feliz." Mamá la abraza. "Eres muy buena", dice mamá.
Maia se acuesta en su cama esa noche. Piensa en las huellas, en el paquete de lana y en la nota de colores. Piensa en la placa brillante. Cierra los ojos. Siente calor en el pecho. Todo está bien.
Antes de dormir, Maia susurra: "Ser honesta ayuda a todos." Sonríe. La luna asoma por la ventana. Parece una pequeña placa en el cielo. Maia dice buenas noches. Y sueña con nuevas pistas, con nuevas amistades y con tardes de galletas. Fin.