Parte 1
Zorro Zapa miró el cielo desde su almohada de hojas. La noche estaba suave. La luna sonreía como una naranja en el aire. Zapa cerró los ojos un poco y los abrió otra vez. Pensó en una estrella filante.
"¿La veré?" susurró Zapa. Su voz era pequeña y contenta.
Se puso sus patitas de dormir. Saltó en silencio. Caminó hasta la loma donde el viento olía a hierba y a miel. Allí había una piedra mullida que usaba de sillón. Zapa se sentó. Miró el cielo. Respiró hondo. Respiró lento.
De pronto, una luciérnaga pasó. Zapa dijo, "Hola, por favor, ¿has visto una estrella filante?" La luciérnaga parpadeó y dijo, "No, pero puedo acompañarte." Zapa sonrió. "Gracias," dijo. Y la luciérnaga voló alrededor de su oreja.
Un búho bostezó. Una rana cantó, "Croac croac." Un sapo ofreció una hoja a Zapa. "Toma, por favor," dijo el sapo con un gesto muy cortés. Zapa dijo, "Gracias, muy amable." Todos eran educados y todos hablaban bajo, para no molestar la noche.
Zapa pensó en una estrella filante de verdad. Era un deseo perfecto. Un deseo tierno y pequeño. Pero, ¿Qué pedir? "Quiero algo que haga sonreír," murmuró.
Parte 2
La luna se estiró. Las nubes hicieron cosquillas. Y entonces, ajá, una línea brillante cruzó el cielo como una zanahoria veloz. Zapa se quedó boquiabierto. "¡Mira!" gritó, pero en voz baja. Todos miraron.
La estrella filante dejó un rastro plateado. Parecía un hilo de hilo. Zapa juntó las patas y dijo, "Por favor, por favor, trae un poco de risa para mi noche." Hizo una reverencia con la cabeza. Fue educado y muy cortés.
La estrella filante escuchó. Bajó un poquito. No tocó la tierra. Se acercó y dijo con un chisporroteo: "¿Deseo, Zapa?" Zapa resopló, sorprendido, pero dijo con alegría, "Sí. Quiero sonreír y hacer sonreír a mis amigos."
La estrella filante parpadeó. Regió una música pequeña, como campanas de leche. Entonces hizo algo muy gracioso: lanzó pequeños chispas que se convirtieron en burbujas. Burbujas brillantes flotaron alrededor. Una burbuja hizo cosquillas a la luciérnaga. Esta rió: "Jejej." Una burbuja rozó al búho y sacudió sus plumas como si fueran plumas de almohada. El búho rió bajito: "Hoho."
Zapa vio y rió también. Una burbuja encontró al sapo y le pidió permiso para bailar. El sapo dijo, "Por favor, baile," y bailaron juntos en la hoja. Todo fue muy amable. Todos se dijeron "gracias" y "por favor" y la risa se hizo un hilo suave que no lastima.
La estrella filante brincó como un conejo en el aire. Cada salto dejaba una nota de risa. Zapa se sintió muy feliz. Sintió calorcito en la barriga. No era frío. Era como un abrazo pequeño.
Parte 3
La noche se volvió más dulce. Las ranas cantaron canciones de buenas noches. La luciérnaga hizo farolitos que parecían sopas de luz. Zapa bostezó. Sus párpados se acercaron como cortinas que bajaban.
"Gracias," dijo Zapa a la estrella. "Gracias, por favor vuelve a sonreír." La estrella filante inclinó su luz y susurró, "Adiós, Zapa. Sé siempre cortés y la risa vendrá." Luego subió, suave, como si subiera en una nube de azúcar.
Zapa regresó a su almohada de hojas. Saludó a sus amigos: "Buenas noches, gracias por la compañía." Todos contestaron, "Buenas noches, Zapa. Dulces sueños."
Zapa se acurrucó. Sus patas se enroscaban como hilo. Su cola era su manta. Cerró los ojos despacio. Su respiración hizo olitas suaves. La música de la noche se hizo calma. Las palabras se hicieron más lentas.
En su pecho, Zapa sintió una calidez. Era una calidez que no quemaba. Era una calidez que decía "bien" y "gracias" y "hasta mañana." La calidez crecía, como un abrazo que no se acaba. Zapa sonrió con la boca cerrada. Sonrió con el corazón.
Y así, con la calidez en el corazón, Zapa se durmió. La estrella filante aún brillaba en el recuerdo. El sueño fue dulce y cortés. Todo estuvo en paz. Zapa durmió feliz, con una sonrisa pequeña en la cara y calorcito en el corazón.