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Cuento divertido para dormir 3/4 años Lectura 6 min.

Berto y el marcapáginas valiente

Berto, un osito de peluche, aprende el valor de la paciencia mientras lee y cuida un marcapáginas que lo acompaña en sus tardes de juego y lectura.

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Un pequeño osito de peluche realista y suave, color marrón claro, ojos de botón y sonrisa cosida, sentado sobre una gruesa manta de lana, sostiene delicadamente un marcador de libros fino de cartón a rayas amarillas y azules con una carita sonriente que asoma de una página de un gran libro abierto; junto a él hay una lamparita redonda metálica verde pálido que emite una luz cálida y suave que ilumina su rostro, y detrás una estantería baja de madera clara con libros de colores vivos y un pequeño juguete en forma de zanahoria; una ventana redonda abierta muestra una luna brillante y un cielo índigo estrellado. La habitación es acogedora, de tonos cálidos, con alfombra beige, cojines y una taza de leche tibia en una mesita; la escena muestra al osito cerrando suavemente el gran libro dejando el marcador, listo para dormir, con la luz tenue y la luna fuera evocando un momento de lectura antes de acostarse. reportar un problema con esta imagen

Berto era un pequeño oso de peluche con ojos brillantes y una sonrisa suave. Vivía en una estantería baja, junto a libros de colores. Le gustaba mucho mirar las páginas. Le gustaba mucho oler las hojas. Le gustaba tocar las esquinas con su patita.

Un día, Berto decidió leer. Abrió un libro grande. Había dibujos de nubes que parecían algodón. Había frases cortas que sonaban como canciones. Berto se sentó en una almohada. Se acomodó. Comenzó a leer despacio. "Una página", dijo. Pasó la mano. "Otra página", dijo. Pasó la mano. Le gustó tanto que se olvidó del tiempo.

Llegó la hora de la merienda. Mamá dejó una galleta en la mesa. Berto la olió. Berto la probó. "Mmm", dijo contento. Pero el libro quedó abierto. Berto no quería perder la página donde estaba. Pensó en muchas cosas. "¿Dónde poner la página?" preguntó. Miró a su alrededor.

Había un lápiz rojo que dormía en un vaso. Había una zanahoria de juguete que siempre sonreía. Había un pequeño muñeco que hacía cosquillas. Nada era justo. Berto buscó algo plano y suave. Quería algo que no aplastara la letra. Quería algo que no se vaya volando con el viento.

Entonces vio un marcapáginas. Estaba doblado y con un puntito de sol. Berto lo tomó con cuidado. El marcapáginas era delgado. Era de colores. Parecía decir: "Puedo ayudar". Berto sonrió. "Gracias", dijo. Puso el marcapáginas entre las páginas. Lo acomodó en la esquina. "Aquí te quedas", dijo. El marcapáginas saludó con un movimiento leve. Berto cerró el libro con ternura.

Salió a jugar un rato por la habitación. Saltó sobre cojines. Hizo una torre de bloques. Hizo reír a una lámpara que parecía bostezar. Volvió al libro. El marcapáginas estaba en su sitio. Berto tocó la puntita que sobresalía. "Buen trabajo", dijo. El marcapáginas estaba contento. Tenía una sonrisa pequeña dibujada.

Pasaron las horas. Berto leyó un poco más. Hizo una pausa. Volvió a poner el marcapáginas. A veces lo movía sin querer. "Paciencia", decía el marcapáginas en silencio. Berto aprendió la palabra. Paciencia. Esperar sin apuro. Esperar sin tristezas. Esperar con una galleta y una canción.

Un día sopló una brisa por la ventana. Llegó una hoja que bailó. La hoja trató de entrar a la habitación. Berto la persiguió con risas. Cuando volvió, el marcapáginas no estaba en la misma línea. "¿Dónde está?" preguntó Berto. Miró la página. Miró la estantería. Miró la almohada. Miró al mapa del mundo. Nada. Berto se puso a buscar.

Buscó debajo del sofá. Buscó dentro de una bota. Buscó en la caja de música. "Marcapáginas, ¿dónde estás?" llamó. La voz sonó pequeña. Berto se sentó. Respiró hondo. Recordó la palabra: paciencia. Entonces esperó. Esperó un poquito. Esperó con calma. Mientras esperaba, decidió ordenar los colores de sus bolitas. Hizo fila a las bolitas. Hizo una canción. "Una bolita, dos bolitas, tres bolitas", cantó. Cantó y cantó.

De pronto, el marcapáginas apareció. Estaba asomando detrás de un libro amarillo. Había viajado un poco, pero estaba bien. "Ahí estás", dijo Berto con una carcajada suave. "Te extrañé". El marcapáginas se dejó ver feliz. Berto lo puso de nuevo en la página. Lo acomodó con mimo. "Qué bueno esperar", dijo Berto. "Valió la pena", añadió, y le dio una galleta al marcapáginas en la imaginación.

Las tardes se hicieron doradas. La habitación olía a cuento y a leche tibia. Berto se acostó junto al libro. Abrió la página donde estaba el marcapáginas. Leyó una frase que decía: "Descansa ahora, pequeño soñador". Berto sonrió. Cerró el libro con cuidado. Dejó el marcapáginas a la vista. Lo tanteó con la patita. "Hasta mañana", susurró.

La noche se acercó como una manta suave. La luna asomó por la ventana. Lucecitas pequeñas parpadeaban. Berto miró su reloj de juguete. Era la hora de dormir. Pero antes, un momento más. Un pequeño bostezo. Un estirón. "Paciencia", murmuró. La palabra sonó como una canción de cuna. Baja y lenta.

Berto se acostó en la almohada. El marcapáginas quedó al lado, como un guardián de papel. La luz se puso más tenue. Las frases del libro se hicieron melodía. "Una página, otra página, hasta la noche", repitió Berto con voz dormida. Los dibujos del libro parecían parpadear. Las nubes se hicieron almohadas.

Al principio, Berto respiró tranquilo. Luego respiró más lento. La sonrisa se volvió más suave. Sus párpados bajaron como cortinas. Pensó en la galleta, en el lápiz rojo, en la brisa que jugó. Pensó en la espera que le enseñó a no apurarse. Pensó en el marcapáginas valiente que siempre volvía.

Y así, sin prisa, sin ruido, Berto cerró los ojos. El marcapáginas vigiló la página. La luna cantó una nota baja. La habitación guardó un silencio bueno. Berto soñó con nubes de algodón y páginas de colores. Soñó con esperar y con encontrar. Soñó con la palabra paciencia que sonaba como un abrazo.

La noche fue dulce. Berto durmió profundo. El marcapáginas quedó en su sitio. Mañana habría más páginas, más juegos y más sonrisas. Pero ahora, todo estaba bien. Todo estaba en calma. El sueño llegó, suave y feliz.

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Estantería
Mueble con huecos donde se ponen libros y juguetes para ordenarlos
Páginas
Hojas dentro de un libro que tienen letras o dibujos para leer
Esquina
Parte donde se juntan dos lados, como en un libro o habitación
Almohada
Cosa blanda para apoyar la cabeza cuando te acuestas o descansas
Merienda
Comida pequeña que se toma por la tarde para tener energía
Marcapáginas
Pedacito de papel que se pone en un libro para recordar la página
Paciencia
Esperar con calma sin ponerse triste ni enfadado
Brisa
Viento suave que mueve el pelo y las cosas sin ser fuerte
Carcajada
Risa grande y fuerte que sale cuando algo es muy divertido
Guardián
Algo que cuida y protege, como un amigo que vigila tu libro
Parpadear
Cerrar y abrir los ojos rápidamente una o varias veces
Melodía
Serie de sonidos suaves que suenan como una canción

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