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Cuento sobre la fiesta de Año Nuevo 5/6 años Lectura 9 min.

La búsqueda de las buenas noticias

Lucía organiza una búsqueda de “buenas noticias” la víspera de Año Nuevo y, con su familia, descubre pequeños gestos de bondad, calma y alegría que transforman la noche.

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Niña de 6 años, rostro redondo y cabello castaño claro en coletas, ojos brillantes y sonrisa alegre; sostiene una pequeña lista atada con una cinta roja y mira la ventana con asombro. Adolescente Mateo, ~14 años, cabello corto castaño, expresión traviesa pero amable; sentado junto a la mesa, oculta una cucharita en broma. Madre, ~35 años, cabello en moño y vestido de motivos discretos; de pie junto al sofá, sonriente, con una palita para una jardinera. Padre, ~37 años, barba ligera y suéter cálido; junto al árbol de sala, abre el bolsillo de la chaqueta donde hay un dibujo colorido. Abuela, ~70 años, cabello blanco trenzado y gafas redondas; sentada en un sillón tejiendo, mira con ternura a la niña. Salón cálido y festivo con guirnaldas de papel, pequeñas linternas colgantes, una planta en la ventana con una semilla plantada y una mesa de madera clara con una caja de galletas en forma de estrella. Escena: reunión familiar en Nochevieja — la niña muestra su lista de "buenas noticias", todos sonríen y comparten; luz suave de farolillos, texturas sencillas y colores cálidos (amarillo miel, rojo tiza, azul cielo). reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: La lista de Lucía

Lucía tenía seis años y ojos que brillaban como estrellas de chocolate. Era la víspera de Año Nuevo y su casa olía a pan recién hecho y a cáscaras de naranja. La familia colgaba guirnaldas de papel y unos pequeños faroles de colores en la ventana. Lucía se puso su suéter favorito, el que tiene un conejito que sonríe, y decidió que aquella noche sería muy especial.

—Voy a hacer una búsqueda —dijo Lucía, con voz traviesa—. Una búsqueda de las buenas noticias.

Su mamá sonrió y le dio un abrazo en la cintura. Su papá puso música suave y su hermano mayor, Mateo, escondió una cucharita bajo la mesa como broma. Lucía sacó un papel y un lápiz. Dibujó un sol, una nube, y varias caritas felices. Escribió palabras cortas que entendía muy bien: abrazo, amigo, risa, dibujo, paseo, ayuda. Serían las buenas noticias que quería encontrar.

—¿Y cómo se busca una buena noticia? —preguntó Mateo, aproximándose.

—Con los ojos abiertos, con el corazón listo y con pistas —contestó Lucía—. Y con premios: besos de chocolate.

Todos rieron. La abuela, que tejía en su sillón, añadió una regla.

—Cada buena noticia que encuentres, debes compartirla con alguien —dijo con voz dulce—. Así se hace crecer.

Lucía asintió. Puso su lista en la mesa y ató una cinta roja alrededor. Luego, a modo de ritual, sopló tres veces sobre la lista y pidió en voz baja:

—Que las buenas noticias sean muchas y suaves, como una manta.

Un suave viento abrió la ventana y una hoja de papel voló hasta la mesa como si hubiera escuchado. Lucía sintió un cosquilleo. La noche comenzaba con un pequeño misterio.

Capítulo 2: La búsqueda de las buenas noticias

La primera pista estaba en la cocina. Lucía la encontró pegada al bote de galletas: "Busca donde huele a pan y a abrazo". Abrió el bote y encontró una nota: "Risa compartida". Al lado, una galleta en forma de estrella tenía dibujada una sonrisa. Lucía se la comió y dio una risa grande que contagió a todos.

—Ahora te toca a ti, mamá —dijo Lucía—. Cuéntanos una buena noticia.

La mamá contó cómo ayudó a una vecina a subir unas bolsas ayer. Su voz se llenó de calor. Lucía se sentó en su regazo y escuchó como si la historia fuera un cuento. En la sala, la abuela aplaudió suavemente.

La segunda pista estaba cerca del árbol de la sala. Tenía pegatinas de colores y una luna colgante. Lucía encontró una cajita pequeña. Dentro había una canica azul y una nota que decía: "Momento tranquilo". La canica rodó y se detuvo junto al sillón. A golpe de dedos, Lucía hizo que la canica brincara. Mateo, que fingía ser serio, dejó escapar una risa de sorpresa.

—¿Qué es esto? —preguntó Mateo.

—Es para recordar que a veces una buena noticia es sentir calma —respondió Lucía—. Como cuando miras las luces y todo parece suave.

La familia se sentó junta. Miraron las luces. Lucía cerró los ojos y pensó en los paseos que dio en otoño. Pensó en las hojas que crujían debajo de sus botas. En su lista, apuntó: "paseo con mamá". Luego, para sorpresa de todos, la abuela contó una historia breve de un gato que había ayudado a una niña a encontrar su juguete. Todos rieron y aplaudieron; la historia parecía pequeña, pero hizo que el corazón se sintiera ancho.

En la tercera pista, escondida en el bolsillo de la chaqueta del papá, Lucía encontró un dibujo. Era un sol de colores que decía: "Hoy hice algo por alguien". El papá confesó que había dejado una nota de ánimo en el buzón de un amigo. Lucía abrazó a su papá. Escribió en su lista: "ayudé a alguien".

De repente, la luz parpadeó y la televisión mostró un pequeño reportaje sobre personas que plantaban árboles en el parque. Lucía saltó de alegría.

—¡Puedo plantar una semilla en la maceta! —exclamó.

La mamá ayudó a Lucía a plantar una semilla de girasol en una pequeña maceta. Pusieron tierra, una gotita de agua y una canción. La abuela dijo que las semillas escuchan las canciones y eso les ayuda a crecer. Lucía susurró a la semilla una promesa: que la cuidaría cada día.

Un repentino sonido de campana, no de reloj sino de la abuela con una cucharita, anunció la última pista. Lucía corrió hacia la puerta y encontró un sobre sellado con un corazón de pegatina. Dentro había un papel en blanco y una pluma.

—Tu tarea es inventar una buena noticia —leyó Lucía en voz alta—. Una que aún no ha pasado.

Lucía pensó un momento. Miró a su familia. Miró la ventana donde la luna dibujaba una sonrisa. Entonces dibujó un sol y escribió: "Mejoraré mi dibujo y lo daré a un amigo". Todos aplaudieron. Mateo dijo que él guardaría la cucharita como recuerdo. La abuela sonrió, con ojos húmedos.

Capítulo 3: Noche nueva y abrazo grande

La casa se llenó de pequeños ruidos felices: risas, pasos suaves, el crujir de la ropa al abrazarse. Cada buena noticia estaba colgada como un adorno invisible que calentaba la sala. Lucía recogió su lista y leyó en voz alta todas las cosas buenas que habían encontrado: la risa, el paseo, la ayuda, la canción para la semilla, la historia del gato y la promesa del dibujo. Cada palabra parecía brillar.

—¿Qué tal si hacemos un ritual de agradecimiento? —propuso Lucía.

Todos estuvieron de acuerdo. Nadie esperaba algo complicado. La abuela sugirió que cada uno nombrara una cosa por la que estaba agradecido. Empezó la mamá: "Gracias por esta casa." El papá dijo: "Gracias por las galletas." Mateo, con la voz más suave de lo habitual, dijo: "Gracias por luciérnagas en el recuerdo." La abuela añadió: "Gracias por los abrazos." Lucía respiró hondo y dijo: "Gracias por las buenas noticias que encontramos juntos."

La familia hizo una ronda y se dieron las manos. Afuera, las luces de la calle parpadeaban como si también quisieran celebrar. Las campanas del reloj de la iglesia no eran ruidosas, pero se escucharon como caramelos cayendo en una jarra. Había minutos contados hasta la medianoche.

Justo antes de que el reloj marcara la nueva hora, la puerta principal se abrió de golpe. Un vecino, con un gorro de lana, apareció con una bandeja de galletas que olían a canela. Había venido a agradecer porque la familia le había ayudado con el buzón hace unas semanas. Todos compartieron galletas y sonrisas. La sorpresa hizo que el corazón de Lucía se expandiera de alegría.

—Feliz Año Nuevo —dijo el vecino.

—Feliz Año Nuevo —repitió Lucía, con voz que tintineaba como campanitas—. Y que no falten más buenas noticias.

Cuando el reloj dio la última campanada, Lucía corrió a los brazos de su mamá. La familia se abrazó en un gran abrazo en el centro de la sala. El abrazo fue grande, cálido y también un poco cómico porque todos se apretaban y reían al mismo tiempo. Lucía cerró los ojos y sintió el latido del corazón de todos como una canción de cuna nueva. La semilla en la maceta quedaba en la ventana, lista para escuchar las nuevas historias.

—Te quiero —susurró Lucía en el oído de su mamá.

—Yo también, mi sol —contestó la mamá.

El abrazo se transformó en calma. Afuera, la noche brilló, y dentro, las buenas noticias quedaron como luces dentro de una cajita de recuerdos. Lucía puso su lista bajo la almohada como si así pudiera soñar con más descubrimientos. Antes de dormir, murmuró: "Mañana compartiré un dibujo."

Y así, con corazones contentos y un gran abrazo que calentó toda la casa, la familia recibió el Año Nuevo. Lucía soñó con semillas que crecían hasta el cielo y con muchas pequeñas buenas noticias listas para ser encontradas.

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Víspera
La noche antes de un día importante, como Año Nuevo.
Guirnaldas
Decoraciones largas de papel o tela que se cuelgan en la casa.
Traviesa
Cuando alguien hace pequeñas bromas o juega de forma inquieta.
Susurró
Hablar muy bajito, casi sin hacer ruido.
Parpadeó
Cuando una luz se enciende y apaga muy rápidamente.
Maceta
Recipiente donde se pone tierra para plantar una planta.
Semilla
Parte pequeña de una planta que puede crecer y dar otra planta.
Promesa
Palabra que dice que vas a hacer algo y te comprometes a cumplirla.
Aplaudió
Golpear las manos juntas para mostrar alegría o aprobación.
Contagió
Cuando una emoción, como la risa, pasa de una persona a otra.
Sillón
Silla grande y cómoda donde una persona se puede sentar.
Pegatina
Una etiqueta con pegamento que se pega en objetos como decoración.

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