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Cuento divertido de fraternidad 11/12 años Lectura 15 min.

Fratría en directo: el plan C y la cortina de los patitos

Tres amigos —dos hermanos gemelos y su compañero Dani— transforman el rincón de costura en un improvisado talk-show lleno de travesuras, risas y creatividad, enfrentando pequeños accidentes y aprendiendo a colaborar.

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Hay tres chicos: Leo, ~10 años, cabello castaño claro alborotado, ojos grandes y traviesos, camiseta azul y pantalón corto beige, sostiene una cuchara como micrófono en el centro; Nico, ~10 años y gemelo, cabello castaño corto con cinta en la cabeza, mancha de yogur en la comisura, camiseta roja, hace una mueca y salta sobre una pierna a la derecha tras pincharse con un alfiletero; Dani, ~11 años y amigo, cabello negro, gafas de sol exageradas y chaqueta verde, agachado a la izquierda detrás de Leo ajustando una pequeña máquina de coser y riendo, con una caja de herramientas/maquillaje técnica. Lugar: rincón de costura en un salón familiar con mesa de madera llena de bobinas de colores, tijeras, alfiletero, máquina de coser vintage que echa un poco de humo y una gran cortina de retales multicolores colgada torcidamente, suelo de parquet con hilos y trozos de tela. Situación: escena dinámica y cómica tipo “talk‑show” improvisado —Leo presenta con la cuchara, Nico reacciona tras pincharse y Dani arregla la máquina— con atmósfera cálida, colores vivos, expresiones exageradas estilo manga y texturas y luz suave del salón. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: “¡Bienvenidos a… Fratría en Directo!”

A Leo se le ocurrió la idea mientras intentaba sacarle el último trozo de cereales a la caja: sacudió, sacudió y… ¡plof! Una nube de migas le nevó encima.

—¡Tienes copos en la oreja! —se rió Nico, su gemelo, señalándole como si fuera un presentador de circo.

Leo se tocó la oreja, serio como un juez, y luego levantó una cuchara como si fuera un micrófono.

—Señoras y señores, esto es un claro caso de “Ataque Cerealiano”. Bienvenidos a… “Fratría en Directo”, el talk-show de hermanos más caótico del barrio.

Nico, que era rápido para reírse y más rápido para meterse en líos, se subió a una silla.

—Yo soy el invitado especial: Nico, el gemelo guapo.

—¿Guapo? —repitió Leo, alzando una ceja—. Anotamos: “Delirio matutino”.

En ese momento apareció Dani, su amigo de la banda de tres, con una mochila que parecía llevar dentro una lavadora.

—¿Qué hacéis? —preguntó, y al ver la cuchara—. ¿Eso es… un programa?

Leo le guiñó un ojo.

—Necesitamos público y un técnico. Tú eres el técnico. Y también el público, si puedes.

Dani soltó la mochila con un “¡buf!”.

—Acepto, pero cobro en galletas.

Nico aplaudió con entusiasmo.

—¡Primera norma del show: el técnico siempre tiene hambre!

Leo carraspeó, como si tuviera un teatro entero delante.

—Tema de hoy: “Pequeñas peleas, grandes risas”. Invitado número uno: mi gemelo, acusado de robarme el último yogur.

—¡Objeción! —gritó Nico—. Yo solo… lo adopté.

—¡Piii! —hizo Dani con la boca, como efecto de censura—. Señores, esto promete.

Capítulo 2: El rincón de costura y la cortina rebelde

Para que “Fratría en Directo” pareciera de verdad, Leo anunció que necesitaban un escenario “con glamour”. Eso, en su casa, solo podía significar una cosa: el rincón de costura de su madre.

Era una esquina del salón con una mesa llena de carretes de hilo, tijeras que brillaban como espadas pequeñas y una máquina de coser que hacía “trrr-trrr-trrr” incluso cuando estaba apagada, como si soñara con coser.

—Prohibido tocar nada —advirtió Leo, mirando a Nico.

—Yo no toco, yo acaricio el aire —dijo Nico, ya con las manos muy cerca de un alfiletero.

Dani se puso unas gafas de sol que no necesitaba, porque según él “todo técnico serio las lleva”.

—Necesitamos una cortina —sentenció—. Los talk-shows tienen cortina.

Encontraron una sábana vieja y, en cuestión de minutos, Nico quiso colgarla con pinzas… en una lámpara.

—Eso no es una barra, Nico —dijo Leo.

—Es una barra con luz. Más moderno.

La sábana se quedó colgando torcida, como un fantasma cansado. Nico tiró un poco, la lámpara se quejó con un crujido, y los tres se quedaron quietos.

—Si se cae, yo no he sido —susurró Nico.

—Si se cae, tú has sido —susurró Leo.

Dani levantó la mano como árbitro.

—Solución técnica: usamos cinta adhesiva. Mucha.

Pega por aquí, pega por allá… “¡Ras!”“¡Ras!”… La cortina quedó sujeta a la pared, pero con un estilo… digamos… artístico.

—Parece un monstruo con babero —opinó Nico.

—Perfecto —dijo Leo—. Hoy entrevistamos al monstruo también.

En la mesa, Leo vio una caja llena de retales de tela de colores. Se le encendieron los ojos.

—¡Tarjetas de preguntas! Las hacemos con tela. Presentador profesional.

Nico ya estaba envolviéndose una tira de tela alrededor de la cabeza.

—Yo seré el invitado famoso: “El Ninja del Patchwork”.

—Eres el Ninja del “me-enredo-solo” —rió Dani.

Y entonces, justo cuando Leo iba a empezar la grabación imaginaria, se oyó un “¡TRRRR!” real.

La máquina de coser… se había encendido sola.

Los tres se miraron.

—¿Quién la tocó? —preguntó Leo.

—Yo estaba acariciando el aire —dijo Nico, demasiado rápido.

—Y el aire te devolvió una máquina encendida —murmuró Dani.

Capítulo 3: La primera emisión… y el “¡ay!” más fuerte del mundo

Leo decidió que los problemas técnicos eran parte del encanto.

—En todo programa hay drama —anunció—. Dani, efectos de sonido.

Dani hizo un redoble con la boca: “prrrr-prrrr”.

Nico se sentó en una caja como si fuera un sofá de lujo. Cruzó las piernas con exageración.

—Estoy listo para ser entrevistado. Pregunta importante: ¿por qué soy tan increíble?

Leo agitó su “micrófono” (la cuchara) con autoridad.

—Primera pregunta: ¿por qué te llevaste mi yogur?

—Porque el yogur me miró primero.

—Eso no es una razón, es una telenovela láctea —dijo Leo, conteniendo la risa.

Dani se inclinó hacia la “cámara invisible”.

—Atención, público: tenemos tensión fraternal. ¡Ooooh!

Nico se llevó una mano al pecho.

—¡Me acusan injustamente! Exijo un abogado.

—Yo soy tu abogado —dijo Dani—. Mi defensa es: “ups”.

Leo sacó una tarjeta de “pregunta” hecha con tela verde.

—Pregunta número dos: ¿qué es esa cosa en tu cabeza?

Nico tocó su “cinta ninja” y sonrió.

—Es un diseño exclusivo. Se llama “No sé atarme, pero lo intento”.

Leo soltó una carcajada, y el talk-show empezó a funcionar: interrupciones, respuestas absurdas y risas que rebotaban en las paredes.

Hasta que Nico, emocionado, quiso hacer una reverencia.

Se levantó de golpe, dio un paso… y pisó un alfiletero que estaba en el suelo.

—¡AYYYYY! —gritó con tanta fuerza que hasta la cortina monstruo pareció encogerse.

Leo se quedó blanco.

—¡Nico! ¿Estás bien?

Nico saltaba a la pata coja, con ojos brillantes de dolor… y de risa, porque su propio salto parecía una danza rara.

—Estoy bien… ¡pero el suelo me atacó!

Dani se arrodilló como médico de urgencias.

—Diagnóstico: el invitado ha sido entrevistado por un alfiler. Tratamiento: quitarlo y… galleta.

Leo ayudó a Nico a sentarse y revisó su pie con cuidado. Solo era un pinchazo pequeño, pero el susto fue grande.

Nico respiró hondo.

—Vale. Confieso algo.

Leo apretó el “micrófono”.

—¿Robaste el yogur?

—No —dijo Nico—. Confieso que… yo encendí la máquina sin querer, con el codo. Y también que la cortina monstruo me da miedo.

Dani hizo “¡chan-chan-chaaaan!” con la boca.

Leo intentó ponerse serio, pero se le escapó una risa.

—Esto es televisión de calidad… aunque sea imaginaria.

Entonces sonó un paso en el pasillo. La voz de la madre se acercaba:

—¿Qué estáis haciendo ahí?

Los tres se quedaron congelados, como estatuas culpables.

Capítulo 4: El Plan A, el Plan B… y el Plan C que brilla

Leo susurró:

—Plan A: decir la verdad.

Nico levantó el dedo.

—Plan B: correr.

Dani, siempre práctico, miró el rincón de costura, la máquina encendida, la cortina monstruo y el alfiletero traicionero.

—Plan B es malo. Tu madre corre más rápido que nosotros cuando encuentra calcetines en el sofá.

La madre asomó la cabeza y se quedó mirando el caos con ojos de “¿en serio?”.

—¿Por qué hay una sábana pegada a mi pared?

Leo tragó saliva. Nico se escondió medio detrás de la cortina, lo cual era inútil, porque la cortina parecía señalarlo.

Dani levantó las manos como si estuviera en un juicio.

—Señora, esto es un… proyecto audiovisual educativo.

La madre parpadeó.

—¿Educativo?

Leo vio una rendija de esperanza, pequeñita, como una costura que aún se puede arreglar.

—Sí. Estamos… practicando un talk-show de hermanos. Aprendemos comunicación… y… eh… optimismo.

Nico asintió muy serio.

—Y también aprendemos que el suelo es peligroso.

La madre miró el pie de Nico.

—¿Te has pinchado?

—Solo un poquito —dijo Nico—. El alfiletero me entrevistó primero.

La madre suspiró, pero su boca tembló como si intentara no reír.

—De acuerdo. ¿Y quién va a despegar esa sábana sin arrancar la pintura?

Dani chasqueó los dedos.

—Aquí entra el Plan C.

Leo lo miró.

—¿Hay Plan C?

—Siempre hay Plan C —dijo Dani, con tono de científico loco amable—. Plan C: convertimos el desastre en decoración. Cosemos una cortina de verdad con retales. Y la dejamos perfecta.

Nico abrió los ojos.

—¿Coser? ¿Yo? Si no sé ni atarme bien los cordones.

—Por eso es Plan C —respondió Dani—. Es mejor porque no lo esperas.

La madre cruzó los brazos, evaluándolos.

—¿Sabéis usar la máquina sin convertirla en un dragón?

Leo levantó la cuchara como juramento.

—Podemos aprender. Y si sale raro… será un show.

La madre sonrió al fin.

—Una condición: recogéis los alfileres y no usáis la lámpara de barra moderna.

Nico hizo un saludo ninja.

—Prometido. La lámpara merece paz.

Y así, el talk-show se transformó de repente en un taller improvisado: el rincón de costura se volvió base secreta de misión “Cortina Decente”.

Capítulo 5: Puntadas, carcajadas y el invitado más inesperado

Leo se sentó frente a la máquina como si fuera una nave espacial. Dani se colocó al lado, leyendo el manual al revés primero y luego del derecho.

—Dice: “No coser dedos” —informó Dani.

—Buena norma —dijo Leo.

Nico, con un esparadrapo pequeñito en el pie, se encargó de escoger los retales. Los combinaba con una seriedad exagerada.

—Este azul es “elegante”. Este rojo es “dramático”. Este con patitos… es “patítico”.

—Patitos —corrigió Leo, riéndose.

—Eso, patitos. Son muy importantes.

Empezaron a coser. La máquina hizo “trrr-trrr” como un gato mecánico. La primera línea salió torcida.

—Parece un camino de montaña —dijo Nico.

—Es un camino hacia el éxito —dijo Leo—. Con curvas.

Dani, que era el técnico y ahora también “director de moda”, aplaudió.

—¡Siguiente escena! El presentador cose con valentía mientras el invitado patito observa.

Nico agarró un retal con patitos y lo puso como si fuera un muñeco en el borde de la mesa.

—El invitado Patito habla:

—Cuac —hizo Nico con voz grave.

Leo casi se atraganta de risa.

—¡No hagas eso! ¡Me muevo y coso un espagueti!

Poco a poco, la cortina fue tomando forma. No era perfecta, pero sí alegre: cuadros, rayas, patitos, un trozo con estrellas y uno con un estampado de sandías.

La madre volvió a mirar y, esta vez, no suspiró. Se le iluminó la cara.

—Vaya… parece una fiesta de telas.

Nico se acomodó su cinta ninja, ahora más floja.

—Es una fiesta que no pincha.

Leo apagó la máquina y levantó la cortina terminada como si fuera un trofeo.

—¡Damas y caballeros! Presentamos la “Cortina Plan C”. Aplausos.

Dani hizo sonido de público:

—¡Brrrravo! ¡Pío-pío! ¡Cuac-cuac!

La madre soltó una carcajada real, de las que hacen cosquillas en el aire.

—Bueno, ya que montáis un talk-show… —dijo—, entrevístame.

Los tres se quedaron boquiabiertos.

—¿En serio? —preguntó Leo.

—En serio —dijo ella—. Pero con una pregunta importante: ¿quién va a barrer los hilos del suelo?

Nico levantó la mano.

—Yo. Por optimismo. Y por supervivencia.

Capítulo 6: El “encore” que sacudió la casa

Leo colocó la nueva cortina como fondo. Quedó tan colorida que parecía decir “hola” por sí sola. Dani se puso sus gafas de sol otra vez y se sentó con una galleta en la mano, porque un técnico sin galleta “pierde señal”, según él.

Nico barrió los hilos con dramatismo, como si fuera una estrella limpiando alfombras en una gala.

—¡Listo! Suelo domesticado.

La madre se sentó en la caja-sofá y cruzó las piernas como Nico antes.

—Estoy lista para mi entrevista. Soy… la madre que sobrevivió a la cortina monstruo.

Dani hizo “¡ta-ta-ta-tá!” como fanfarria.

Leo levantó su cuchara-micrófono.

—Bienvenida a “Fratría en Directo”. Primera pregunta: ¿cómo se siente al ver a tres chicos convertir un rincón de costura en un estudio de televisión?

La madre fingió pensar.

—Se siente… como cuando abres un armario y cae una avalancha de bufandas. Sorprendente, ruidoso… pero al final te ríes.

Nico intervino, ofendido de broma:

—¡Mis bufandas no caen! Ellas saltan con estilo.

Leo siguió:

—Segunda pregunta: ¿cuál es el secreto para no perder la paciencia?

La madre los miró con ojos brillantes.

—El secreto es creer que siempre podéis arreglarlo. Aunque sea con un Plan C. Y si no sale perfecto… al menos sale divertido.

Dani levantó su galleta como si fuera un trofeo.

—¡Eso es optimismo con chispas!

Nico se inclinó hacia Leo y susurró:

—Oye… ¿y si hacemos otro episodio mañana?

Leo miró la cortina nueva, el rincón ordenado y la sonrisa de su madre. Sintió que la casa entera estaba más ligera, como si alguien hubiera abierto una ventana.

—Mañana, y pasado, y cuando haga falta —dijo—. “Fratría en Directo” no se cancela.

Dani hizo un sonido de aplausos con las manos y con la boca a la vez: “¡pla-pla-pla! ¡wiiiu!”

La madre se levantó.

—Pues entonces… ¿cómo se dice al final de un buen show?

Nico se adelantó, levantando la escoba como micrófono.

—¡Encore!

Leo y Dani lo acompañaron, riéndose:

—¡Encore!

Y el “encore” rebotó por el pasillo, subió por las escaleras, y volvió al rincón de costura convertido en escenario, donde una cortina de patitos parecía aplaudir en silencio.

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Ataque Cerealiano
Broma que describe cuando muchos cereales caen sobre alguien de forma graciosa.
Talk-show
Programa donde personas hablan, hacen entrevistas y cuentan historias ante un público.
Alfiletero
Pequeño cojín donde se guardan alfileres para coser y no perderlos.
Máquina de coser
Aparato que une telas con hilo mucho más rápido que coser a mano.
Redoble
Golpe o sonido repetido y fuerte, usado para llamar la atención o marcar emoción.
Reverencia
Gesto de respeto o saludo en que una persona se inclina ligeramente.
Esparadrapo
Cinta adhesiva médica que se usa para fijar vendas o proteger una herida.
Diagnóstico
Juicio que dice qué problema tiene alguien, usado por quien examina.
Fanfarria
Música fuerte y corta, normalmente de trompetas, para anunciar algo importante.
Optimismo
Actitud que espera cosas buenas y busca soluciones en vez de rendirse.

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