Pablo y Mateo tienen tres años. Son amigos. Les gusta jugar en la calle. Les gusta mirar las casas. Les gusta mirar los árboles.
Hoy van a preparar una reconstitución del barrio. Quieren mostrar el camino a la plaza. Quieren que todos sepan el recorrido. Mamá les da un planito del barrio. Es pequeño y arrugado. Tiene dibujos de casas, de la plaza y del parque. Pero falta un pedazo. El pedazo está en blanco. ¿Dónde está la parte que falta? Pablo y Mateo miran el planito.
"Busquemos pistas", dice Pablo.
"Sí, busquemos", dice Mateo.
Van de la mano. No van solos. La vecina Sara los acompaña. Sara sonríe. Sara dice: "Yo sé un lugar. Vamos despacio." Todos van despacio. Es un paseo tranquilo.
Primera pista: el panadero. Huele a pan. Hay migas en el suelo. Pablo señala una miguita. "Mira, una miguita", dice. La miguita tiene un dibujo. Es una estrella. En el planito también había una estrella. "¿La estrella señala la panadería?", pregunta Mateo. La panadera asiente. Ella pega una pegatina en el planito. Es un trocito de pan dibujado. Ahora el planito tiene más dibujo.
Segunda pista: el banco azul. Los niños ven el banco. Está junto al árbol grande. Mateo sube y baja. Pablo toca la corteza del árbol. Hay una marca con pintura verde. La marca es una hoja. "Hoja", dice Pablo. La señora del parque les da un trozo de papel con una hoja dibujada. "Para el plan", dice ella. Los niños lo ponen en el planito. El planito se va llenando de colores.
Tercera pista: la fuente. La fuente canta. Los peces hacen "blup". Un gato pasa y saluda. El gato tiene un collar rojo. El cartero lo ve y ríe. "El gato me deja sus huellas en el suelo", dice el cartero. En el suelo hay huellas pequeñas. Son como del gato pero también como de un zapato pequeño. "Zapato", dice Mateo. Encuentran una pequeña etiqueta con un zapato dibujado. La pegan en el planito.
Cuarta pista: la escuela. Los niños ven la escuela con la puerta amarilla. Hay una pintura en la pared: un sol. Pablo señala el sol. "Sol", dice Pablo. La maestra sale. "¿Me ayudan a completar mi mapa?", pregunta la maestra. Los niños ayudan. La maestra les da un lápiz para marcar el camino. Pablo y Mateo dibujan con el lápiz. Dibujan una línea desde la panadería hasta la fuente, luego hasta la plaza. "Así llegamos", dice Mateo.
A cada paso, los niños repiten: "¿Dónde está la parte que falta?" "Busquemos la pieza del mapa." Buscan en los bancos, bajo las hojas, junto a los dibujos en el suelo. Encuentran pequeñas pistas: una pluma azul, una canica verde, una flor pegada en un papel. Cada pista tiene un símbolo. Cada símbolo encaja en el planito. Poco a poco, el planito se llena.
Un perrito se acerca. Ladra suave. Lleva una cinta. En la cinta hay un trocito de papel. "¡Mira!", grita Pablo. Es una esquina del planito. Mateo la toma con cuidado. La colocan en el lugar correcto. Ahora el planito tiene la plaza. Ahora se ve la calle con flores. Ahora se ve la escuela. Ahora se ve la casa con la puerta roja.
Los niños hacen una pausa. Se sientan en el banco azul. Comparten una manzana. Comparten una galleta. Comparten la sonrisa. Compartir es dulce. Compartir es bueno. Sara les ofrece agua. La maestra aplaude. "Muy bien, pequeños detectives", dice.
Última pista: el juego de las farolas. En la calle hay farolas con globos. Un globito está amarrado a una silla. Dentro del globito hay una nota. Pablo sopla el globito y la nota sale. La nota dice: "Por aquí va el desfile". Es la última parte del planito. Mateo la pega con cuidado. La pieza queda en su sitio. El planito está completo.
Todos miran el planito. Está bonito. Tiene colores. Tiene dibujos. Y tiene sus nombres: Pablo y Mateo, los ayudantes del barrio. "¡Lo hicimos!", gritan. La gente del barrio aplaude. Nadie está asustado. Sólo hay alegría.
Ahora organizan la reconstitución. Caminan por el camino marcado. Primero van a la panadería. Luego a la fuente. Luego a la escuela. Luego a la plaza. En cada lugar hacen una pequeña parada. Cuentan la historia del planito. Invitan a los vecinos a mirar. Los vecinos señalan los dibujos. "Aquí está mi banco", dice la señora del banco. "Aquí está la fuente", dice el cartero. Los niños escuchan y repiten. Aprenden los nombres. Aprenden a mirar.
Al final hacen un picnic en la plaza. Todos comparten comida. Todos comparten canciones. Pablo comparte su galleta. Mateo comparte su jugo. Reparten con alegría. El planito se coloca en una mesa. Los vecinos miran el planito. La maestra dice: "Hicieron equipo. Compartieron pistas. Y además aprendieron a ayudar."
El sol cae suave. Es hora de volver a casa. Pablo y Mateo se despiden. "Hasta mañana", dicen. Se abrazan. El planito se queda colgado en la pared de la pequeña biblioteca del barrio. Todos pueden verlo. Todos pueden usarlo. El barrio está más unido.
Pablo y Mateo se van con las manos llenas de recuerdos. Tienen una historia para contar. Tienen un planito completo. Han aprendido a observar, a preguntar y a compartir. Y cuando alguien pregunte por el camino a la plaza, podrán señalarlo con orgullo. Fin.