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Cuento disparatado y absurdo 5/6 años Lectura 9 min.

El pijama saltarín y el club de los objetos locos

Luna descubre que su pijama mágico puede dar vida a los objetos de su casa, desatando una divertida aventura llena de risas y sorpresas junto a su calcetín parlante, un sofá rana y otros amigos extraordinarios. Juntos, forman un club de objetos locos y se embarcan en una emocionante búsqueda de un pastel invisible.

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Una niña de 6 años, con grandes ojos brillantes y cabello rizado, lleva un pijama azul con estampado de estrellas y lunas. Se ríe a carcajadas, sentada en un sofá que salta como una rana, rodeada de confeti colorido que cae del techo. A su lado, un osito de peluche, con una sonrisa alegre y voz de pato, canta una canción divertida. Un calcetín azul a rayas verdes, con una cara sonriente, hace acrobacias en el aire, añadiendo un toque de locura a la escena. El lugar es una sala acogedora, decorada con cojines coloridos, paredes pintadas de amarillo brillante y una lámpara que danza alegremente sobre ellos. La situación principal muestra a la niña y sus amigos objetos en plena fiesta, riendo y bailando juntos, mientras una manzana voltereta rueda alegremente sobre la mesa, creando un ambiente de magia y felicidad. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: El día del pijama saltarín

Luna tenía seis años y le encantaban los pijamas blanditos. Un día, mientras se ponía su pijama favorito, escuchó un ruido extraño, como si alguien se riera debajo de la cama.

—¿Quién está ahí? —preguntó Luna, mirando con sus ojitos grandes.

—¡Soy yo, tu calcetín parlante! —respondió una vocecita.

Luna se asustó un poco, pero enseguida se rio. ¡Un calcetín parlante! El calcetín saltó y le hizo cosquillas en la nariz.

—¡Aaaachís! —estornudó Luna—. ¿Por qué hablas, calcetín?

El calcetín, que era azul con rayas verdes, hizo una reverencia.

—Porque hoy es el gran Día del Pijama Saltarín y todo lo que toques con tu pijama mágico cobrará vida, ¡solo por hoy!

Luna abrió la boca tan grande que casi se le escapa un bostezo.

—¿Todo lo que toque? —preguntó, tocando la lámpara. La lámpara empezó a bailar la Macarena.

—¡Luz-bailarina! —gritó Luna.

—¡Ay, qué divertido! —dijo el calcetín—. Ahora toca algo más, pero recuerda: ¡siempre pide permiso y mira a los dos lados!

Luna tocó su almohada y, de repente, la almohada infló sus mejillas y sopló una lluvia de confetis rosas.

—¡Almohada confeti! —se partió de la risa Luna.

El calcetín azul le guiñó un ojo.

—¡Vamos, Luna, toca más cosas! Pero no corras, ve despacito y mira dónde pisas.

La niña gateó despacito y tocó su osito de peluche. El osito empezó a cantar ópera con voz de pato. ¡Cuac-cuaaaaaaac! Luna soltó una carcajada enorme.

—¡Esto es lo más loco del mundo!

—Y solo acaba de empezar —le dijo el calcetín azul, haciendo una voltereta—. ¡Hoy todo es posible!

Capítulo 2: La excursión al salón saltarín

Luna, con su pijama mágico, bajó al salón muy despacito, siempre mirando a los dos lados y a los zapatos olvidados en el pasillo.

—¡Cuidado con el zapato despistado! —avisó el calcetín.

—¡Vale! —dijo Luna.

En el salón, vio el sofá y sonrió. Tocó el sofá con mucho cuidado. El sofá empezó a saltar como una rana.

—¡Croac, croac! —decía el sofá mientras saltaba.

—¡Sofá rana! —gritó Luna.

—¡Sofá rana, sofá rana! —repitió el calcetín, riendo.

Entonces, la lámpara bailarina entró en el salón haciendo piruetas.

—¡Vamos a bailar todos juntos! —dijo la lámpara.

El osito de peluche, que no paraba de cantar como un pato, entró rodando. Y la almohada confeti soplaba confetis de colores por toda la casa.

—¡Qué fiesta más divertida! —exclamó Luna.

De pronto, un ruido fuerte sonó en la cocina. ¡Era la nevera! Luna decidió ir con mucho cuidado, pasito a pasito.

—¿Estás lista para la nevera traviesa? —susurró el calcetín.

Luna asintió y tocó la nevera con la manga de su pijama. La nevera se abrió sola y empezó a hablar con voz muy seria.

—¡Prohibido entrar sin casco de frutas! —dijo la nevera, muy firme.

Luna se partía de risa. Su mamá entró y vio todo el salón lleno de confetis, con el sofá saltando, la lámpara bailando y el osito cantando.

—¡Luna, tienes mucha imaginación! —dijo la mamá, sonriendo.

—¡Mira, mamá! ¡Todo está vivo! —exclamó Luna.

—Recuerda que hay que tener cuidado y no correr —le recordó su mamá dulcemente—. Y siempre con una sonrisa.

Luna le dio la mano a su mamá y le puso un sombrero de plátano para poder entrar en la nevera.

Capítulo 3: El club de los objetos locos

En la cocina, la nevera hablaba y hablaba.

—¡Para abrirme, primero una adivinanza! —decía la nevera—. Soy blanca como la leche, fría como el hielo y guardo las uvas. ¿Qué soy?

—¡Eres tú, nevera! —contestó Luna, muy contenta.

—¡Correcto! —dijo la nevera—. Puedes coger una manzana saltarina.

Luna tocó una manzana. ¡La manzana empezó a dar volteretas por la mesa!

—¡Manzana voltereta! —gritó el calcetín.

De repente, la lámpara bailarina, el osito pato, la almohada confeti y el sofá rana entraron todos en la cocina. Y todos querían hablar a la vez.

—¡Yo quiero bailar! —dijo la lámpara.

—¡Cuac-cuaaaaac! —cantó el osito.

—¡Confeti, confeti! —decía la almohada.

—¡Croac, croac! —saltaba el sofá.

Luna aplaudió muy fuerte.

—¡Parada, todos! ¡Vamos a formar el club de los objetos locos!

Todos aplaudieron, incluso la nevera, que soltó unos cubitos de hielo como si fuera un aplauso frío.

—Para ser del club hay que tener nombre divertido —dijo Luna.

—¡Yo me llamo Sofá Rana! —dijo el sofá.

—¡Yo, Osito Pato! —dijo el osito.

—¡Yo, Lámpara Bailarina! —dijo la lámpara.

—¡Yo, Almohada Confeti! —dijo la almohada.

—¡Y yo, Manzana Voltereta! —dijo la manzana.

—¡Y yo, Calcetín Parlante! —saltó el calcetín, muy orgulloso.

Luna estaba feliz.

—¡Vamos a hacer una carrera loca, pero todos despacio y sin empujar, para no caerme ni resbalarme!

Todos dijeron: —¡Sí! ¡Despacio y seguro!

Empezaron la carrera alrededor de la mesa. La manzana rodaba. El sofá saltaba muy bajo. El osito giraba y cantaba. La lámpara hacía giros despacito. ¡Qué divertido!

Luna se caía de risa, pero se sentía segura porque todos iban despacio y miraban por dónde iban.

Capítulo 4: El gran problema del pastel invisible

De repente, el calcetín parlante gritó:

—¡Atención! ¡El pastel de chocolate ha desaparecido!

Todos se quedaron muy quietos, incluso la lámpara dejó de bailar.

—¿Dónde está el pastel? —preguntó Luna—. ¡Yo quería pastel!

El osito pato olfateó el aire con la nariz.

—Cuac-cuac, huele a pastel invisible…

—¿Pastel invisible? —dijo Luna—. ¡Eso es muy raro!

La nevera habló con voz misteriosa.

—El pastel solo aparece si todos cantan la canción de los pasteles saltarines.

—¿Cuál es la canción? —preguntó Luna.

El calcetín empezó a cantar:

—Pastel saltarín, pastel traviesín,

aparece aquí, aparece aquí.

Luna cantó también, y todos los objetos del club cantaron juntos:

—Pastel saltarín, pastel traviesín,

aparece aquí, aparece aquí.

De pronto, el pastel apareció en la mesa... ¡pero tenía piernas y empezó a correr!

—¡Pastel con patas! —gritó Luna, muerta de risa.

—¡Atrápame si puedes! —decía el pastel, corriendo entre las sillas.

El sofá rana intentó saltar encima del pastel, pero solo cayó sobre unos cojines. La lámpara bailarina giró alrededor del pastel, pero se mareó y se sentó. El osito pato cantaba tan fuerte que el pastel se tapó las orejas. La manzana voltereta le dio una vuelta y lo hizo girar.

Luna pensó y pensó.

—¡Ya sé! —dijo—. ¡Pastel, si te paras, compartiremos contigo!

El pastel se puso muy contento. Paró de correr y se sentó en la mesa.

—¡Gracias! ¡Quiero ser del club de los objetos locos!

—¡Bienvenido, Pastel con Patas! —dijeron todos juntos.

Luna cortó el pastel en pedazos. Repartió a todos: al sofá, a la lámpara, a la almohada, al osito, a la manzana, a la nevera y al calcetín. Todos comieron juntos muy despacito.

—¡Qué divertido es compartir y reír juntos! —dijo Luna.

—¡Y seguro! —añadió el calcetín—. Siempre despacito y mirando por dónde vamos.

Al final del día, Luna se tumbó en el sofá rana, abrazó al osito pato y bostezó.

—Gracias, pijama mágico —dijo, mirando su pijama saltarín.

Y mientras la lámpara bailaba una nana suave, la casa entera se llenó de risas, confetis y pastel. Luna soñó con carreras de manzanas y neveras parlantes. Y supo que, con cuidado y alegría, ¡cada día podía ser una fiesta mágica y segura!

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Parlante
Que puede hablar o emitir sonidos.
Confetis
Pequeños trozos de papel de colores que se lanzan en fiestas.
Saltarín
Que salta o se mueve de un lado a otro.
Adivinanza
Un juego de palabras en el que se hace una pregunta y hay que adivinar la respuesta.
Invisible
Que no se puede ver, que no tiene forma visible.
Travieso
Que le gusta hacer travesuras o cosas que no se deben hacer.

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