Parte 1
Había cuatro amigas. Se llamaban Ana, Bea, Carla y Dora. Todas tienen tres años. Juegan juntas en la sala. Juegan con una pelota, con muñecas y con una caja de colores.
Un día pasa algo curioso. La tarta de la maestra está sobre la mesa. Está muy bonita. De pronto la tarta desaparece. Oh no. Las niñas se miran. Quieren ayudar. Quieren investigar.
Ana dice: "¿Quién comió la tarta?" Bea dice: "No lo sé." Carla dice: "Vamos a buscar pistas." Dora dice: "Sí, somos detectives."
Parte 2
Las niñas buscan. Ven migas en el suelo. Ven una huella pequeña en la silla. Ven un vaso en la mesa. Todo es suave y claro. No hay miedo. Todo es juego.
La maestra tiene una pizarra blanca en la pared. La pizarra tiene la hora del cuento y la hora de la merienda. La pizarra sirve como pista. Ana toca la pizarra. "Mira", dice Ana. "La pizarra dice diez." Las niñas miran el reloj de la clase. El reloj marca diez. Ahora ellas saben la hora.
Bea dice: "El ladrón dijo que estuvo en el baño a las diez." Carla duda. "¿Es verdad?" Dora sonríe. "Vamos a comprobarlo."
Las niñas llaman a los amigos. Preguntan con voz dulce. "¿Estabas en el baño a las diez?" preguntan. Uno responde: "No." Otro dice: "Yo estaba en el rincón de los libros." Una voz pequeña dice: "Yo estaba con el oso." Las niñas anotan con un dedo en la pizarra. Es divertido. La pizarra es su cuaderno mágico. Borran y vuelven a escribir. Insisten con calma. Persisten.
Encuentran otra pista. Un trozo de papel con una mancha de mermelada. La mancha brilla al sol. "¡Mira!", exclama Carla. "La mermelada brilla." Las niñas siguen la mancha. La mancha lleva al sofá. En el sofá hay una almohada. Debajo de la almohada está el plato vacío. ¡Oh! Ahí está la tarta pequeña. No está rota. Alguien solo tomó un trozo y lo dejó.
Las niñas miran la pizarra otra vez. En la pizarra está dibujada la siesta a las once. La maestra estuvo en la cocina a las diez y media. La maestra habla y dice: "Yo preparé la merienda a las diez y media." Las niñas preguntan con ternura. "¿Quién tomó el trozo?" La maestra se ríe. "Fue el conejito de peluche. Se escondió y pidió un bocado."
Ana, Bea, Carla y Dora miran al conejito. El conejito tiene migas en la boca. Tiene mermelada en la nariz. "¡Ajá!", dice Dora. "Nuestro misterio tiene solución."
Las niñas usan la pizarra blanca para escribir lo que ven. Borran y escriben otra vez. Juegan a comprobar horarios. Dicen la hora en voz alta. Persisten. No se rinden.
Parte 3
Al final, todos ríen. La maestra ayuda a limpiar. Ponen el plato en la cocina. Ponen la almohada en su sitio. El conejito recibe una caricia. Nadie está triste. Todo está bien.
Las niñas se sientan en círculo. Cuentan la historia. Dicen: "Primero vimos las migas. Luego el brillo en la pizarra. Luego las huellas y la mermelada. Así supimos la verdad." Se sienten orgullosas. Aprendieron a mirar con calma y a no rendirse.
La maestra les da una galleta a cada una. Dicen gracias. Las niñas toman la mano. Juegan otra vez. Todo es tranquilo y alegre.
"Gracias por ayudarnos", dicen las cuatro amigas. "Gracias por mirar las pistas con nosotras." Fin. Gracias.