Era una mañana brillante. El sol jugaba en la ventana. Tres amigos se reunieron en el patio. Los tres tenían tres años. Se llamaban Lía, Tom y Sami.
Lía vio algo en la mesa. "¡Mi galleta desapareció!" dijo con ojos grandes. La galleta era de chocolate y redonda. Lía estaba triste. No quería llorar. Tom puso una mano en el corazón. "Somos detectives", dijo. Sami aplaudió. "¡Vamos a buscar pistas!"
Los tres se armaron con lupa de juguete. Lía llevaba una cinta rosa. Tom llevaba botas azules. Sami tenía una mochila pequeña. Caminaron juntos. Buscaron pistas con calma. Miraron la mesa. Miraron el suelo. Miraron la puerta.
Primera pista: migas pequeñas. "Mira," dijo Tom. Señaló las migas. Eran como estrellas pequeñas. "¿De quién son?" preguntó Lía. Sami dijo: "Sigamos las migas."
Caminaron despacio. Las migas formaban una línea. La línea iba hacia la sala. "Ssshhh", susurró Tom. Pasaron por el sofá. Sami saltó para ver detrás del cojín. No había galleta. Solo migas.
Segunda pista: huellas de manos. Eran pequeñas y suaves. "Huellas de dedos", dijo Lía. Las huellas tenían chocolate en los dedos. "¿Quién tiene chocolate?" preguntó Sami. Los tres miraron sus manos. Tom frotó sus dedos. No, Tom no tenía chocolate.
Tercera pista: una risita. Muy bajita. "¿Escuchaste?" preguntó Lía. "Sí", dijo Tom. Fue una risita detrás de la cortina. Los tres se acercaron. Sami abrió la cortina con cuidado. Y allí estaba Pipa, la conejita de peluche, con las patas llenas de migas. Pipa sonreía porque la galleta estaba cerca.
"Pero Pipa no come galletas", dijo Lía. Pipa tenía un papel en la pata. Era una nota. La nota decía: "La galleta rodó. No es un secreto. ―Papá". Todos rieron.
Lía respiró hondo. "¿Entonces quién tomó mi galleta?" preguntó. Tom miró la cocina. La puerta de la galleta estaba abierta. Papá estaba en la cocina con manos limpias. "Perdón", dijo Papá. "Saqué la galleta para ponerla en un plato y se rodó. No quise hacerte triste."
Lía sonrió. "Gracias por decir la verdad", dijo. Papá pidió disculpas y ofreció otra galleta. Lía aceptó una galleta nueva. La galleta estaba tibia y dulce. Los tres amigos compartieron y comieron juntos.
"Resolver misterios es divertido", dijo Sami. "Y ser honestos es importante", añadió Tom. Lía abrazó a Pipa. La tarde se volvió suave. El sol bajó. Todos estaban contentos y en paz. Fin.