CapĂtulo 1: El doctor Tomás y los niños curiosos
—Hola, hola, niños. ¿Saben quién soy yo? —dice el doctor Tomás con una gran sonrisa.
—¡Eres el doctor de los animales! —responde SofĂa, con sus ojitos brillando.
—SĂ, yo soy veterinario. Yo cuido a los animales. Los ayudo cuando están malitos. ÂżQuieren escuchar una historia de mi trabajo? —pregunta el doctor Tomás, acariciando su bata blanca.
—¡SĂ! ¡SĂ! —grita Mateo, dando un saltito.
—Todos los dĂas veo animalitos muy lindos. Perros, gatos, conejos, pajaritos. A veces, llegan tristes. Otras veces, llegan contentos. ÂżSaben quĂ© hago yo primero? —pregunta el doctor Tomás.
—¿Les das una caricia? —pregunta SofĂa.
—¡SĂ! Les doy una caricia suave. Y les digo: “Tranquilo, pequeño. El doctor Tomás te va a cuidar”. Los animales entienden cuando hablamos con dulzura —dice Tomás, sonriendo.
—¿Y si tienen miedo? —pregunta Mateo.
—Si tienen miedo, yo les hablo despacito. Les digo: “Aquà estás seguro. Aquà te cuidan”. Los animales sienten mi cariño. Y se calman poquito a poquito.
CapĂtulo 2: Una visita especial
—Ayer vino una perrita llamada Luna. Luna tenĂa la patita lastimada. Caminaba muy despacio. Sus ojos estaban tristes —contĂł el doctor Tomás.
—¡Ay, pobre Luna! —susurrĂł SofĂa.
—Le dije: “Luna, yo te voy a ayudar. Soy tu amigo”. Le acariciĂ© la cabeza. DespuĂ©s, mirĂ© su patita despacito, muy suave. Mientras la miraba, le contĂ© un cuento bajito, bajito. Luna moviĂł la cola. EmpezĂł a confiar en mĂ.
—¿Y la curaste? —preguntó Mateo con preocupación.
—SĂ, Mateo. Le puse una curita en la patita. Le di un abrazo suave. Y Luna me lamiĂł la mano. Estaba feliz. Yo tambiĂ©n estaba muy feliz.
—¡Bravo, Luna! ¡Bravo, doctor Tomás! —aplaudiĂł SofĂa.
—Cuando Luna se fue, movĂa mucho la cola. Ella sabĂa que yo la ayudĂ©. Y yo estaba contento porque Luna ya no tenĂa dolor.
CapĂtulo 3: Aprendiendo a cuidar
—¿SabĂan que los veterinarios tambiĂ©n enseñamos a cuidar a los animales? —pregunta el doctor Tomás.
—¿Cómo se cuida a un animal? —pregunta Mateo.
—Hay que darles comida rica y agua limpia cada dĂa. Hay que cepillar su pelito y limpiar sus orejitas. Y, sobre todo, darles mucho, mucho amor —explica el doctor Tomás.
—A mĂ me gusta abrazar a mi gatita —dice SofĂa.
—Eso es muy bueno, SofĂa. Los animales necesitan cariño. Y cuando están enfermos, necesitan que los llevemos al veterinario. Yo les reviso las orejas, los dientes y el corazĂłn con mi estetoscopio. ÂżQuieren escuchar cĂłmo suena el corazĂłn de un perrito? —pregunta Tomás, sacando su estetoscopio de juguete.
—¡SĂ, sĂ! —dicen los niños, muy emocionados.
—El corazón hace “pum pum, pum pum”. Late fuerte cuando están felices. Late despacio cuando duermen. Yo escucho el corazón para saber si están bien.
—Quiero ayudar a los animales como tú, doctor Tomás —dice Mateo.
—TĂş puedes, Mateo. Y tĂş tambiĂ©n, SofĂa. Todos podemos cuidar a los animales. Podemos ser amables, podemos ser pacientes, y podemos ser buenos amigos para ellos.
—¡SĂ! Yo quiero ser veterinaria cuando sea grande —dice SofĂa, abrazando su osito de peluche.
—¡Y yo también! —dice Mateo, muy contento.
—Eso me alegra mucho. Recuerden: los animales son nuestros amigos. Cuando cuidamos de ellos, el mundo es un lugar más bonito y feliz —dice el doctor Tomás, dando un gran abrazo a los niños.
Los niños sonrĂen y aplauden. El doctor Tomás sonrĂe tambiĂ©n. Todos se sienten felices. Hoy aprendieron juntos a querer y cuidar a los animales.