Primera parte: El misterio en la sala
Tomás es un niño curioso de tres años. Le gusta mucho mirar a su alrededor, buscar cosas y hacer preguntas. Un día, Tomás está jugando en la sala. Sus coches de colores están en el suelo. De repente, Tomás se da cuenta de algo extraño: ¡Su coche azul favorito no está!
Tomás mira debajo del sofá. Mira detrás de la mesa. Nada. El coche azul no aparece. Tomás piensa: “¿Dónde estará mi coche azul?”
Tomás decide ser un gran detective. Se pone su gorro de detective, que es su gorro de lana. Mira con atención y dice en voz baja: “Voy a buscar pistas”.
Mira el suelo y ve una rueda pequeña. “¡Una pista!”, dice Tomás. La recoge y la huele. “Huelo a coche azul”, ríe Tomás.
Tomás va a la cocina. Allí está su mamá. Ella está preparando fruta.
“Mamá, ¿has visto mi coche azul?”, pregunta Tomás.
La mamá sonríe. “No lo he visto, Tomás. Pero te puedo ayudar a buscar”.
Tomás sonríe también. Su mamá siempre le ayuda.
Segunda parte: Escuchando a la abuela
Tomás y su mamá entran al salón. De pronto, escuchan la voz de la abuela. Ella está sentada en su sillón, tejiendo una bufanda muy larga y roja.
“Abuela, ¿has visto mi coche azul?”, pregunta Tomás.
La abuela sonríe. “Ay, Tomás, no lo he visto hoy. Pero ayer vi a tu osito de peluche muy cerca del coche azul. Parecía que estaban jugando”.
Tomás abre mucho los ojos. “¿El osito jugaba con mi coche azul?” La abuela asiente y le guiña un ojo. “Eso creo, detective Tomás.”
Tomás mira a su osito, que está en su camita de peluche. El osito sonríe. Tomás le pregunta: “Osito, ¿dónde está mi coche azul?”
El osito no responde, pero Tomás ve algo brillar al lado de la camita. “¡Otra pista!”, dice Tomás contento.
Tercera parte: La gran solución
Tomás mira debajo de la manta del osito. Allí encuentra una ruedita azul. “¡Más pistas!” Salta de alegría.
“Mamá, abuela, creo que el osito y mi coche azul estaban jugando aquí”, dice Tomás. “¿Ayudamos a buscar debajo de la camita?”
La mamá y la abuela se acercan. Levantan la camita despacito. Y entonces, ¡aparece el coche azul! Está un poco cubierto de polvo, pero está bien.
“¡Mi coche azul!” grita Tomás, abrazando su cochecito. “¡Gracias mamá, gracias abuela! Y gracias, osito”. Todos sonríen.
La abuela dice: “Eres un gran detective, Tomás.”
La mamá limpia el coche azul con un paño suave. “Vamos a guardar los coches después de jugar, para encontrarlos siempre”, dice en voz dulce.
Tomás asiente muy serio. “Sí, mamá. Así ya no se pierden”.
Después, Tomás juega feliz con su coche azul, su osito y su familia. Se siente orgulloso de ser un buen detective y de cuidar sus juguetes.
La tarde termina tranquila y alegre. Todos están juntos y contentos. Cuando llega la hora de la siesta, Tomás se acurruca con su osito y su coche azul, pensando en la próxima aventura.