—¡Hola, amigo! —gritó el cerdito, saltando de alegría.
—¡Hola, cerdito! —respondió la gallina, moviendo sus alas.
—¿Quieres jugar? —preguntó el cerdito, haciendo girar su colita.
—¡Sí! —dijo la gallina, picoteando el suelo.
El cerdito corrió y se cayó en un charco.
—¡Splash! —hizo el cerdito, llenándose de barro.
—¡Te ves divertido! —rió la gallina.
—¡Soy un cerdito artista! —exclamó el cerdito, haciendo una pose.
La gallina aplaudió y dijo:
—¡Eres el mejor artista del barro!
Y así, rieron juntos en el charco.