Parte 1: La noche en la que todo cambió
—Mamá, no quiero que apagues la luz —dijo Martina, una pequeña niña de cuatro años con ojos grandes y curiosos.
—Martina, cariño, ya es hora de dormir —respondió su mamá con voz suave mientras acariciaba su cabello—. La luz de la lámpara se queda encendida y la puerta está entreabierta. No hay nada de qué preocuparse.
Martina se acurrucó en su cama con su oso de peluche favorito, Osito. La habitación estaba decorada con colores alegres y tenía una gran ventana que dejaba entrar la luz de la luna. Sin embargo, Martina no podía evitar sentirse inquieta cuando las luces se apagaban.
—Osito, tengo miedo del negro —susurró Martina al peluche—. ¿Y si hay monstruos?
Su mamá, que aún estaba en la puerta, escuchó el susurro y se acercó de nuevo a la cama.
—Martina, los monstruos no existen —dijo con una sonrisa—. Pero si te hace sentir mejor, podemos hacer una magia especial para que los monstruos no puedan entrar en tu habitación.
Martina miró a su mamá con ojos llenos de esperanza.
—¿Una magia especial? —preguntó.
—Sí, cariño. Primero, tienes que cerrar los ojos y pensar en algo que te haga muy feliz, como el parque o tus amigos. ¿Puedes hacerlo?
Martina cerró los ojos con fuerza y pensó en su mejor amiga, Ana, y en el columpio del parque.
—Ya lo tengo, mamá —dijo emocionada.
—Muy bien. Ahora, repite después de mí: "No hay monstruos en mi cuarto, solo sueños bonitos y mucha paz."
Martina repitió las palabras con una voz clara y confiada:
—No hay monstruos en mi cuarto, solo sueños bonitos y mucha paz.
Parte 2: Un sueño mágico
Martina se sintió un poco mejor al decir las palabras mágicas. Su mamá le dio un beso en la frente y se levantó para salir de la habitación.
—Buenas noches, mi amor —dijo su mamá—. Estoy aquí mismo si me necesitas.
Martina se acurrucó con Osito y cerró los ojos. Poco a poco, se fue quedando dormida. De repente, se encontró en un lugar maravilloso. Estaba en un bosque iluminado por luces de colores y flores que brillaban como estrellas.
—¡Osito, mira! Es un lugar mágico —dijo Martina, sorprendida de ver que su peluche también estaba en el sueño y podía moverse.
—Sí, Martina, es muy bonito —respondió Osito—. Y lo mejor de todo es que aquí no hay monstruos, solo cosas lindas.
Martina y Osito comenzaron a caminar por el bosque, explorando todo. Encontraron un riachuelo con pececitos de colores y un árbol enorme lleno de mariposas. En el centro del bosque, había un claro con una gran cantidad de flores que formaban una cama blanda y acogedora.
—¿Podemos descansar aquí un momento? —preguntó Martina.
—Claro, Martina. Vamos a tumbarnos y mirar las estrellas —sugirió Osito.
Mientras se tumbaban en las flores, Martina miró el cielo lleno de estrellas y se sintió muy feliz. No había oscuridad que temer, solo la belleza del bosque mágico.
Parte 3: La lección de Osito
De repente, Martina escuchó una voz suave que venía de las estrellas.
—Martina, recuerda que este lugar está dentro de ti —dijo la voz, que sonaba como la de su mamá—. Siempre que sientas miedo, solo tienes que cerrar los ojos y pensar en cosas bonitas.
Martina se despertó en su cama, con Osito a su lado. La lámpara seguía encendida y la puerta estaba entreabierta. Sentía una calidez en su corazón que nunca había sentido antes. Se dio cuenta de que el sueño le había enseñado algo muy importante.
—Osito, creo que ya no tengo tanto miedo del negro —dijo Martina—. Siempre puedo pensar en el bosque mágico y las estrellas.
Osito, aunque no podía hablar en la vida real, parecía sonreír con sus ojitos bordados.
Por la mañana, Martina se levantó y corrió a la cocina donde su mamá estaba preparando el desayuno.
—¡Mamá, tuve un sueño mágico! —gritó Martina emocionada—. Ya no tengo miedo del negro.
Su mamá la abrazó con fuerza.
—Me alegra mucho, Martina. Recuerda siempre que cuando cierras los ojos, puedes encontrar lugares maravillosos dentro de ti.
Desde entonces, cada noche, Martina repetía las palabras mágicas antes de dormir y se imaginaba el bosque lleno de luces y flores. Poco a poco, la oscuridad dejó de ser algo temible y se convirtió en una oportunidad para soñar con cosas hermosas.
—Buenas noches, Osito —dijo Martina—. Vamos a tener sueños bonitos.
Y así, Martina aprendió que la oscuridad no era algo que debía temer, sino un lienzo en blanco donde podía pintar los sueños más hermosos.