Parte 1: Una misión en la nave Brillo
Don Ernesto se despertó en su camita flotante. Miró por la ventana redonda y vio planetas de muchos colores. Algunos eran azules, otros verdes y otros, muy, muy rojos. Don Ernesto sonrió. “Hoy es un gran día”, dijo despacito.
Don Ernesto vivía en una nave espacial. Se llamaba Brillo. A Brillo le gustaba volar muy suave por el espacio. Dentro de la nave todo era muy tranquilo y seguro. Había luces que cambiaban de color, y un robot pequeño llamado Lilo.
“Lilo, ¿ya es de día?”, preguntó Don Ernesto.
“¡Sí, Don Ernesto! Es hora de revisar la protección de la nave”, dijo Lilo con su voz redonda y alegre.
Don Ernesto se puso su traje azul. Era suave y abrigadito. Caminó hasta la sala de control. Allí, muchos botones de colores esperaban. Don Ernesto miró cada uno. Verde, azul, naranja. Tocó el botón azul favorito. “Vamos a ver cómo está la protección”, susurró.
Fuera de la nave, unas luces suaves cubrían a Brillo. Esas luces protegían a todos de las piedritas espaciales y del frío. Cada día, Don Ernesto revisaba que todo estuviera bien.
“¿Listo, Lilo?”, preguntó Don Ernesto.
“¡Listo!”, respondió Lilo.
Don Ernesto miró la pantalla grande. En ella, apareció una imagen bonita: la nave rodeada de una burbuja brillante. Se sentía cálido y seguro.
Parte 2: Un pequeño problema
De pronto, la nave hizo un ruido muy suave. “Bip bip…” Lilo miró a Don Ernesto con sus ojos de luz.
“Don Ernesto, noto algo raro en la burbuja de protección”, dijo el robot. “Una parte está más débil”.
Don Ernesto no se asustó. Respiró tranquilo. “Vamos a resolverlo juntos”, dijo con calma.
Salió despacito de la sala de control y fue hasta la sala de herramientas. Allí estaba su caja grande. Dentro, había destornilladores, cables de colores y pegatinas espaciales. Don Ernesto eligió un cable rojo y uno amarillo.
“Lilo, avísame si necesitas ayuda”, dijo Don Ernesto.
Lilo asintió. “Claro que sí. Yo te contaré si veo algo nuevo”.
Don Ernesto fue a la parte de la nave donde la protección era débil. Tocó la pared suave. Estaba un poco fría. Don Ernesto puso el cable rojo. Luego, apretó el botón amarillo.
Luces suaves aparecieron. La burbuja volvió a brillar fuerte.
“¡Bien hecho, Don Ernesto!”, dijo Lilo. “Ahora la burbuja cuida bien a la nave”.
Don Ernesto sonrió. “La nave siempre necesita cuidado y atención”, dijo. “Y cuando algo no está bien, podemos arreglarlo juntos”.
Parte 3: Una solución brillante
Don Ernesto miró por la ventana. Vio una lluvia de piedritas espaciales que pasaban muy lejos. Respiró tranquilo. “Gracias a la protección, estamos seguros”.
Lilo se sentó al lado de Don Ernesto. “Don Ernesto, ¿por qué usamos solo lo que necesitamos?”, preguntó Lilo.
Don Ernesto pensó un momento. “Porque así cuidamos la energía de la nave”, explicó con voz suave. “Cuando usamos solo lo necesario, la nave dura mucho tiempo y todos podemos viajar lejos sin problemas”.
Lilo parpadeó feliz. “Es bueno cuidar y no gastar más de lo que hace falta”.
Don Ernesto asintió. “Es bueno para la nave y para todos”.
Después, Don Ernesto y Lilo fueron a la cocina espacial. Allí, prepararon un batido de frutas espaciales. Usaron solo lo que necesitaban. No dejaron nada de comida fuera.
“¡Mmm, qué rico!”, dijo Lilo.
“Sí, compartir también es importante”, sonrió Don Ernesto.
Al terminar la merienda, Don Ernesto y Lilo fueron al salón. Allí estaba toda la tripulación de la nave Brillo: la capitana Mar, la piloto Luz y el ingeniero Paco.
Don Ernesto habló con voz clara. “¡La protección de la nave está fuerte y todos estamos bien!”.
Todos aplaudieron muy contentos. Se escuchó un gran “¡Bravo, Don Ernesto! ¡Bravo, Lilo!”.
Don Ernesto se sintió feliz y tranquilo. Miró a sus amigos y dijo: “Juntos, podemos cuidar la nave y el espacio. Si usamos solo lo que necesitamos, todo va mejor”.
Lilo dio un salto pequeño y todos rieron.
Esa noche, Don Ernesto se recostó en su camita flotante. Cerró los ojos y pensó en la nave Brillo, viajando suave y segura por el espacio brillante.
Y así, con una sonrisa, Don Ernesto y toda la tripulación descansaron, sabiendo que habían hecho lo correcto.
Todos estaban a salvo, juntos y felices.