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Cuento de viaje espacial 3/4 años Lectura 4 min.

Clara y la Luna Verde

Clara pilota la nave Lúa hacia la Luna Verde; ante una nube de polvo adapta la ruta con calma y ayuda a un robot mapa perdido, aprendiendo el valor de la prudencia.

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Clara, piloto sonriente y concentrada de rostro redondo y pelo castaño corto, viste un traje espacial azul suave y un chaleco amarillo plegado, sostiene una palanca brillante y mira un gran ojo de buey; a su lado rueda un pequeño robot cartógrafo metálico del tamaño de un balón con una bombilla azul tenue que levanta un brazo; la La Lúa, una pequeña lanzadera blanca y redondeada con paneles lisos, ventanas ovales y un escudo translúcido azul claro en la proa, se aproxima lentamente mientras el anillo de cometas brilla con polvo rosa y dorado; al fondo, la Luna Verde aparece como una estación vegetal con jardines flotantes, pasarelas curvas y luces cálidas; la escena, en tonos suaves y pastel, sugiere movimiento y estrellas con texturas de acuarela y salpicaduras controladas. reportar un problema con esta imagen

En el año en que las ciudades flotaban sobre jardines y los trenes viajaban por tubos de luz, el mundo era claro y ordenado. Las casas tenían paneles que recogían la calma del sol. Los barcos voladores hablaban con las nubes y los robots ayudaban a cocinar y a abrazar almohadas. Había mapas brillantes en las paredes que mostraban estrellas como luces de fiesta. Los mapas cambiaban con un toque. Todo era seguro y pensado para que los niños durmieran tranquilos.

Clara vivía en una casa con ventanas redondas. Clara era piloto de la pequeña nave Lúa. Su traje era azul y suave. Su chaleco era amarillo y lo doblaba siempre al terminar su día. A Clara le gustaba doblar el chaleco. Le daba orden y calma.

Un día, la Lúa debía viajar a la Luna Verde. La Luna Verde era una estación con jardines que flotaban en la oscuridad. El plan decía: seguir la ruta A, pasar por el anillo de cometas y aterrizar al amanecer. Pero el mapa mostró una nube de polvo espacial. Clara miró los instrumentos. Eran luces pequeñas que parpadeaban. Respiró despacio.

“Vamos a ser prudentes”, dijo Clara en voz baja. “Primero, comprobemos los motores. Segundo, revisemos el escudo. Tercero, adaptemos la ruta.” Habló con los botones. Pulsó el botón verde. La Lúa respondió con un zumbido suave.

Clara cambió el rumbo. Dibujó con el dedo una nueva línea en el mapa brillante. La nueva ruta pasaba por una calma azul, más larga pero más segura. “Más tiempo. Más cuidado. Mejor,” murmuró. La nave siguió la línea. Las estrellas se movían como peces. Clara miró por la ventana. Vio cometas con colas de colores. Vio pequeñas luces que eran satélites juguetones.

En el anillo de cometas, un cometa grande dejó caer un polvo que hizo cosquillas en la nariz de la nave. La Lúa tensó su escudo. Clara ajustó la velocidad con una perilla. “Despacio, despacio,” dijo. Todo fue tranquilo. El polvo pasó como lluvia fina sobre una ventana.

En el camino Clara encontró a un robot mapa perdido. El robot tenía una luz apagada. “¿Necesitas ayuda?” preguntó Clara. El robot dijo: “Sí. Busco casa.” Clara sonrió. “Te llevo un tramo.” Juntos revisaron el mapa. Clara explicó cómo leer las líneas. “Primero miras las estrellas grandes. Luego, las pequeñas. Y siempre, siempre, compruebas el escudo.” El robot aprendió y su luz se encendió.

La Luna Verde apareció como una mancha verde y brillante. Clara preparó el aterrizaje. Siguió las instrucciones: bajar la velocidad, desplegar patas, hablar con la torre. Hizo todo con calma y con orden. La torre contestó: “Bienvenida, Lúa.” Clara respiró y sonrió.

En la estación, los jardines olían a menta y a miel. Clara caminó despacio. Comentó con amigos: “Adaptar la ruta fue la mejor idea. Fuimos prudentes y llegamos seguros.” Todos aplaudieron con las manos pequeñas.

Al final del día, antes de dormir en la cabina, Clara quitó su chaleco amarillo. Lo dobló con cuidado, pliegue tras pliegue. Lo puso sobre la cama como un regalo. Miró la ventana donde las estrellas parpadeaban. Pensó en la ruta, en el robot, en las flores de la Luna Verde. Se tapó y dijo: “Todo está bien.” Cerró los ojos. El chaleco quedó doblado, sereno, como una promesa de cuidado para el mañana.

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Flotaban
Se movían en el aire sin tocar el suelo, como si volaran despacio.
Paneles
Planchas que se ponen en las casas para recoger la luz del sol.
Barcos voladores
Vehículos que viajan por el cielo como si fueran barcos en el aire.
Robots
Máquinas que ayudan a las personas y hacen tareas con movimientos.
Mapas brillantes
Dibujos que muestran caminos y que iluminan con luz.
Cometas
Grandes rocas heladas o de hielo que pasan por el espacio.
Polvo espacial
Polvito que flota en el espacio y puede entrar en las naves.
Instrumentos
Aparatos en la nave que muestran información para saber qué hacer.
Escudo
Protección que cubre la nave y la cuida del polvo o golpes.
Ruta
Camino que sigue la nave para llegar a un lugar.
Perilla
Botón o rueda pequeña que se gira para cambiar algo, como la velocidad.
Anillo de cometas
Un grupo de cometas que forman como un aro en el espacio.
Aterrizaje
Momento en que la nave baja y toca el suelo con cuidado.
Desplegar patas
Sacar las patas de la nave para poder apoyarse al bajar.
Torre
Lugar alto que habla con las naves para decir si pueden entrar.
Jardines
Lugares con muchas plantas y flores para oler y ver colores.
Menta
Planta que huele fresco, como el sabor de algunas gomas.
Miel
Sustancia dulce hecha por las abejas, parecida al jarabe.
Cosquillas
Sensación que hace reír cuando algo toca la piel muy suave.
Zumbido
Sonido suave y continuo, como un bzzz que hace la nave.

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