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Cuento de ciudad futurista 3/4 años Lectura 6 min. (1)

Bibi y Nilo: la ruta de luz al Parque del Viento

En una ciudad futurista, el conejo Bibi guía a su amigo Nilo con balizas vibrantes mientras recorren calles inteligentes y reciben ayuda de amables robots; juntos aprenden a mantener la calma cuando las señales cambian.

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Un pequeño conejo antropomórfico protagonista, orejas muy largas y pelaje crema, lleva un chaleco azul con un gran botón luminoso redondo; tiene expresión dulce y tranquilizadora, ojos redondos brillantes y sonrisa tierna, camina sujetando la pata de un conejito más pequeño y toca su botón luminoso que vibra. Un conejito más pequeño, pelaje beige claro y pulsera luminosa en la muñeca, rostro asombrado y algo tímido, sigue al mayor mirando la línea luminosa en el suelo, a la izquierda y ligeramente detrás. Un pequeño robot farol de cuerpo metálico redondo beige claro con ojos-lámpara cálidos proyecta una flecha verde luminosa en el aire y rueda delante indicando el camino. Escenario: plaza urbana futurista y suave con suelo liso y una fina línea luminosa azul serpenteante, bancos redondeados en tonos pastel, fuente de luz que proyecta gotas de colores (azul, rosa, amarillo), muros con jardines verde menta y drones-globo flotando; todo en formas redondeadas y colores pastel. Situación: los dos conejos siguen la línea hacia el parque de la mano, la pulsera vibra y el robot guía proyecta una flecha verde; ambiente calmado, seguro, luminoso y tierno. reportar un problema con esta imagen

Parte 1

En la Gran Ciudad del Mañana, las calles brillaban como cintas de luz. Los edificios eran altos y suaves, con ventanas que cambiaban de color despacito. Era el año 2089, y todo parecía limpio y tranquilo.

Bibi era un conejo. Tenía orejas largas y un chaleco azul con un botón redondo. Ese botón era una baliza vibrante. Cuando Bibi lo tocaba, hacía “brrr-brrr” muy suave, como un pajarito mecánico.

En la ciudad había robots ayudantes. Algunos barrían sin hacer ruido. Otros regaban plantas en macetas flotantes. Y en las paredes había sensores pequeños, como puntitos brillantes, que miraban sin molestar. Solo cuidaban.

Bibi esperaba a su amigo Nilo, un conejito más pequeño. Nilo llevaba una pulsera igual, con otra baliza vibrante.

“Hola, Nilo”, dijo Bibi, moviendo la nariz.

“Hola, Bibi”, dijo Nilo. “Hoy la ciudad es enorme”.

Bibi sonrió. “No pasa nada. Te guío con vibraciones. Tú me sigues. Fácil, fácil”.

Bibi tocó su botón: “brrr-brrr”. La pulsera de Nilo contestó: “brrr-brrr”. Era como decir: “Estoy aquí. Sígueme”.

Empezaron a caminar por el Paseo de las Nubes, una calle cubierta con un techo de cristal. Encima, pasaban drones redondos, lentos, como globos. Llevaban paquetes y saludaban con una lucecita.

Un robot con forma de farol se acercó rodando.

“Buenos días”, dijo con voz cálida. “¿Necesitan mapa?”

“Gracias”, dijo Bibi. “Solo vamos al Parque del Viento”.

El farol-robot hizo una lucecita verde. “Ruta tranquila activada”.

En el suelo apareció una línea azul, fina, que avanzaba como un riachuelo.

Bibi tocó otra vez su baliza: “brrr-brrr”.

Nilo respiró contento. “La siento. Me ayuda. Me gusta”.

Parte 2

La línea azul los llevó a una plaza llena de bancos redondos. En el centro había una fuente que no echaba agua, sino luz. Saltaba luz en gotitas. Azul, rosa, amarillo. Suave, suave.

Nilo se quedó mirando. Sus ojos brillaron.

“¡Guau!”

Bibi se agachó a su lado. “Bonito, ¿verdad? Pero seguimos. Paso a paso”.

Cerca de la plaza había un paso de peatones que cambiaba de dibujo: rayas, estrellas, rayas, estrellas. Los sensores del suelo notaron sus patitas y pusieron una música bajita, como campanitas.

De pronto, la línea azul se apagó. Solo un segundo, pero Nilo se paró.

“Bibi… ¿y ahora?”

La pulsera de Nilo vibró más fuerte: “brrr”. Una sola vez.

Bibi miró alrededor. Un edificio grande había hecho sombra sobre el suelo, y la luz de ruta se había escondido.

“No pasa nada”, dijo Bibi, con voz lenta. “Estoy aquí. Mírame. Respira conmigo”.

Bibi respiró: “in… out…”

Nilo copió: “in… out…”

Bibi tocó su botón tres veces, despacito: “brrr-brrr… brrr-brrr… brrr-brrr”.

La pulsera de Nilo respondió igual. Era su código de calma.

Un robot pequeño, como una caja con ojos, se acercó por el borde de la plaza.

“Hola. Soy K-3. Sensor de ayuda. ¿Se perdió la línea?”

“Solo un poquito”, dijo Bibi.

K-3 proyectó una flecha de luz en el aire. “Sigan la flecha verde. Es segura y corta”.

La flecha verde flotó delante de ellos. Lenta. Amable.

Bibi dio un saltito. “¿Ves? La ciudad cuida”.

Nilo asintió. “La ciudad cuida”.

Cruzaron el paso de estrellas. Pasaron junto a una pared que tenía un jardín vertical. Las hojas olían a menta. Un robot-abeja zumbó bajito y tocó una flor con cuidado.

Bibi seguía guiando: “brrr-brrr”. Nilo seguía: “brrr-brrr”.

Uno, dos, uno, dos. Como un juego.

Parte 3

Al fin llegaron al Parque del Viento. Era un lugar grande, con césped muy verde y molinos pequeñitos que giraban sin prisa. En el cielo había cometas con luces, atadas a hilos invisibles. Parecían peces nadando.

En la entrada, un arco decía “Bienvenidos” con letras que cambiaban de color.

Un robot jardinero les ofreció dos burbujas de agua en vasos.

“Para las orejas cansadas”, dijo.

“Gracias”, dijo Bibi.

“Gracias”, repitió Nilo, y bebió un poquito.

Se sentaron en un banco que se calentaba suave, justo lo suficiente. Frente a ellos, un camino de piedras cantaba cuando lo pisaban. “tin… tin… tin…”

Nilo miró a Bibi. “Me dio un poquito de susto cuando se apagó la línea”.

Bibi le tocó la patita. “Lo hiciste muy bien. Te paraste. Respiraste. Me escuchaste”.

Nilo sonrió. “Y mi pulsera me habló con vibraciones”.

“Sí”, dijo Bibi. “Las balizas son como manitas invisibles. Nos dicen: ‘Aquí estoy'. ‘Estoy contigo'”.

El viento movió las cometas-luz. Una pasó cerca y dejó un brillo dorado en el aire.

Nilo abrió los brazos. “El futuro es bonito”.

Bibi rió bajito. “Y es más bonito con amigos”.

Cuando el sol bajó, las farolas se encendieron solas. Una por una. Sin prisa. Los sensores del parque notaron que era hora de volver y dibujaron en el suelo una línea cálida, naranja, como una manta.

Bibi tocó su botón: “brrr-brrr”.

Nilo respondió: “brrr-brrr”.

Y caminaron tranquilos, siguiendo la línea naranja. La ciudad brillaba, los robots ayudaban, y el viento cantaba suave. Todo estaba bien. Todo estaba en calma.

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Baliza vibrante
Un botón que hace pequeñas vibraciones para avisar o guiar a alguien.
Sensores
Pequeños aparatos que miran y sienten cosas para cuidar o ayudar.
Drones
Máquinas que vuelan y llevan paquetes o miran desde el cielo.
Pulsera
Una cinta o brazalete que se pone en la muñeca y puede dar señales.
Proyectó
Mostrar una imagen o luz en el aire para indicar algo.
Jardín vertical
Plantas que crecen en una pared, como un jardín en alto.
Robot-abeja
Un robot pequeño que se mueve y cuida flores, como una abeja.
Molinos pequeñitos
Pequeñas ruedas que giran con el viento para mover o decorar.

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