En una pequeña casa de queso, vivía un ratón muy astuto llamado Ramón. Ramón siempre tenía una idea divertida en mente. Un día, decidió hacer una broma a su amiga la tortuga, Tina.
—¡Hola, Tina! —saludó Ramón con una gran sonrisa.
—¡Hola, Ramón! —respondió Tina, muy lenta pero feliz.
Ramón miró a Tina y dijo:
—¡Hoy vamos a jugar un juego! ¡Tina, adivina qué hay en esta caja!
La tortuga, curiosa, se acercó.
—¿Qué hay, Ramón? ¿Un dulce? ¿Una sorpresa?
Ramón se rió y dijo:
—¡Es un ratón gigante! ¡Mira!
Tina abrió la caja lentamente y, ¡sorpresa! No había nada. Ramón estalló en carcajadas.
—¡Es una broma, Tina! ¡No hay ratón gigante!
Tina se rio también, aunque un poco confusa:
—¡Eres muy travieso, Ramón!
Luego, Ramón tuvo otra idea.
—¿Vamos a buscar más sorpresas?
Tina sonrió y respondió:
—¡Sí, pero sin más sorpresas de cajas vacías!
Ramón y Tina siguieron riendo y jugando en el jardín, mientras el sol brillaba. ¡Así era su día lleno de risas!