En un zoolĂłgico, vivĂa una rana muy divertida. Su nombre era Rita. ¡Rita amaba saltar! Saltaba aquĂ, saltaba allá. Un dĂa, Rita decidiĂł salir de su casita.
—¡Voy a saltar al jardĂn! —gritĂł Rita con alegrĂa.
Cuando salió, vio a su amigo el loro, Lalo. Lalo era muy charlatán.
—¡Hola, Rita! —dijo Lalo—. ¿Quieres jugar?
—¡SĂ, sĂ! —respondiĂł Rita—. ÂżQuĂ© jugamos?
—¡Vamos a hacer un concurso de saltos!
Rita estaba emocionada. Saltó alto, ¡más alto que un árbol!
—¡Mira, Lalo! —dijo mientras saltaba—. ¡Soy la reina del salto!
Lalo tratĂł de saltar, pero solo volĂł un poco y se riĂł.
—¡Eres muy buena, Rita! Pero mira esto —y Lalo comenzó a imitar a Rita, saltando de un lado a otro.
Luego, se uniĂł a ellos el elefante, Elio.
—¿Qué hacen, amigos? —preguntó Elio con su gran trompa.
—¡Estamos saltando! —respondió Rita.
—¿Puedo jugar? —preguntó Elio emocionado.
—¡Claro! —dijo Rita—. Pero cuidado con tu trompa.
Elio intentó saltar. ¡Pum! Se cayó y hizo temblar el suelo.
—¡Eso fue gracioso! —rió Lalo.
—SĂ, intentĂ©moslo otra vez —dijo Elio, levantándose.
Todo el zoolĂłgico se uniĂł al juego. La cebra, el pingĂĽino y hasta la tortuga. Todos saltaban y reĂan.
—¡Qué divertido! —gritó Rita—. ¡Me encanta jugar con ustedes!
Y asĂ, en el zoolĂłgico, todos los animales se divirtieron en una gran noche de saltos y risas. ¡QuĂ© alegrĂa ser amigos!