En la selva, había una guenon llamada Lila. Lila era muy divertida y siempre quería hacer reír a sus amigos. Un día, decidió participar en una competencia de saltos. "¡Voy a saltar más alto que todos!", gritó Lila, haciendo piruetas en el aire.
Su amigo, el loro Paco, lo escuchó. "¡Lila! ¡Eres la mejor saltadora!", dijo Paco, moviendo sus alas de alegría. "Pero, ¿dónde está la competencia?" Lila pensó un momento y respondió: "¡En el gran árbol de los sueños!"
Lila y Paco caminaron hacia el árbol. La selva estaba llena de colores. "¡Mira esos flores!", dijo Lila, saltando de felicidad. "¡Quiero saltar como ellas!" Y Lila saltó, ¡salto alto y se cayó en un arbusto! "¡Ups!", gritó, mientras se reía.
Finalmente, llegaron al árbol. “¿Qué tal si contamos chistes antes de saltar?” sugirió Paco. "¡Sí!", dijo Lila. Y contaron chistes tontos, como: "¿Por qué cruzó el plátano la carretera? Para llegar al otro lado."
Todos los animales se rieron. Lila saltó al escenario. ¡Bum! Cayó otra vez, ¡y todos rieron aún más! “¡Eres la mejor saltadora de la selva!”, gritó Paco. Lila sonrió. Saltar era divertido, pero reír era lo mejor. Y así, la competencia no importaba, ¡solo el juego!