Había una vez un ratón muy travieso llamado Ratico. Ratico vivía en una granja llena de animales divertidos. Un día, Ratico decidió que quería hacer una gran fiesta. "¡Tendré la mejor fiesta de la granja!", dijo Ratico con una sonrisa.
Primero, Ratico fue a buscar a la vaca. "¡Vaca, ven a mi fiesta!", dijo Ratico. La vaca miró a Ratico con sorpresa. "¿Qué puedo hacer?", preguntó la vaca. "¡Tú traerás la leche!", respondió Ratico. "¡Claro que sí!", dijo la vaca.
Luego, Ratico fue a hablar con el gallo. "¡Gallo, ven a mi fiesta!", gritó Ratico. "¿Qué haré?", preguntó el gallo. "¡Tú cantarás y despertarás a todos!", dijo Ratico. "¡Eso haré!", cantó el gallo.
Ratico también visitó a la oveja. "¡Oveja, ven a mi fiesta!", pidió Ratico. "¿Qué debo hacer?", preguntó la oveja. "¡Tú harás las almohadas de lana!", dijo Ratico. "¡Me encanta!", respondió la oveja.
Finalmente, Ratico decidió que necesitaría globos. Fue a ver a la gallina. "¡Gallina, ven a mi fiesta!", dijo Ratico. "¿Globos? No puedo hacer eso", dijo la gallina. "¡Pero puedes hacer huevos!", dijo Ratico. "¡Sí, haré muchos!", dijo la gallina.
El día de la fiesta, todos los animales llegaron. La vaca trajo leche, el gallo cantó, la oveja trajo almohadas y la gallina muchos huevos. ¡Era una gran fiesta! Ratico estaba muy feliz.
De repente, ¡los globos volaron! "¡Ay, no!", gritó Ratico. Todos los animales se rieron. "¡Atrápalos, Ratico!", dijeron. Ratico corrió y saltó. ¡Y atrapó un globo! "¡Lo logré!", gritó Ratico.
La fiesta continuó. Todos bailaron y rieron. Ratico se dio cuenta de que, aunque los globos volaron, la diversión nunca se fue. ¡Era la mejor fiesta de la granja! ¡Y todos estaban felices!