En la aldea de la Selva Feliz vivía un perro llamado Max. Max era un perro muy travieso. Un día, Max decidió organizar una gran fiesta. “¡Fiesta, fiesta!”, ladró Max con entusiasmo.
Max invitó a su amigo, el conejo Tito. Tito era muy alegre y siempre saltaba de felicidad. “¡Fiesta! ¡Me gusta la fiesta!”, dijo Tito mientras daba saltitos.
Max y Tito comenzaron a preparar la fiesta. “Necesitamos globos”, dijo Max. Tito fue a buscar globos. “Globos rojos, globos azules”, cantó Tito mientras llevaba los globos.
Luego, Max dijo: “Necesitamos pastel”. Tito asintió y juntos buscaron un gran pastel. “¡Pastel de zanahoria!”, exclamó Tito con emoción. “¡A los conejos nos encanta!”
Max pensó: “También música, necesitamos música”. Tito trajo su tambor. “¡Bum, bum, bum!”, tocó Tito con su tambor.
Pronto, todos los animales de la aldea llegaron. Había un oso bailarín, un pato cantante y una jirafa que jugaba a las escondidas. Todos reían y jugaban.
De repente, ¡Oh no! Los globos comenzaron a volar. “¡Globos, vuelvan!”, gritó Max corriendo tras ellos. Tito y Max rieron tanto que hasta el oso se unió a la risa.
Max miró a Tito. “¡La mejor fiesta!”, dijo Max felizmente. Tito sonrió y asintió. “Sí, la mejor”, dijo Tito.
Al final, todos los animales se sentaron a comer pastel. “¡Qué divertido!”, dijeron todos juntos.
Y así, en la Selva Feliz, Max y Tito organizaron la fiesta más alegre. Y aunque los globos volaron, las risas siempre se quedaron.