Era un día soleado en la selva. Serpiente, el más curioso de todos, decidió hacer una fiesta.
“¡Voy a invitar a todos!” dijo Serpiente, moviendo su cola de un lado a otro.
Llegó Conejo. “¿Qué hay de comer?” preguntó, saltando.
“¡Tarta de zanahoria!” respondió Serpiente, sonriendo.
Luego llegó Tortuga. “¿Qué tal va la fiesta?” preguntó con voz lenta.
“¡Genial! ¡Estamos haciendo una tarta!” gritó Conejo.
“¡Yo traigo el helado!” dijo Tortuga, emocionada.
“¡Fiesta, fiesta!” cantaron los tres, mientras bailaban y reían. ¡Qué divertido fue ese día!