En un pequeño pueblo, había una gallina llamada Clotilde. Clotilde era muy divertida. Siempre hacía reír a sus amigos. Un día, decidió hacer una fiesta.
—¡Voy a invitar a todos! —dijo Clotilde, moviendo sus alas emocionada.
El primer amigo que invitó fue un pato llamado Paco.
—¡Hola, Paco! —gritó Clotilde—. ¡Vas a venir a mi fiesta!
—¡Claro, Clotilde! —respondió Paco—. ¿Habrá comida?
—¡Sí! ¡Tendremos maíz y pasteles! —dijo Clotilde, saltando de alegría.
Después, Clotilde fue a ver a su amiga la oveja, llamada Ovelia.
—¡Ovelia! —llamó Clotilde—. ¡Ven a mi fiesta!
—¡Sí! —dijo Ovelia, moviendo su lana—. ¿Puedo traer algo?
—¡Trae tus galletas! —exclamó Clotilde—. ¡Serán deliciosas!
El día de la fiesta, Clotilde preparó todo. Puso globos, hizo una gran mesa y decoró con flores. Cuando llegaron Paco y Ovelia, todo estaba listo.
—¡Sorpresa! —gritaron Paco y Ovelia al entrar.
—¡Gracias! —dijo Clotilde, riendo. Entonces, empezaron a comer.
—¡Mmm, qué rico! —dijo Paco, mientras comía maíz.
—¡Y estas galletas son las mejores! —exclamó Ovelia.
Rieron y bailaron toda la tarde. Clotilde, Paco y Ovelia se divirtieron mucho. La fiesta fue un gran éxito.
—¡Hasta la próxima fiesta! —dijo Clotilde, con una sonrisa.
—¡Sí! —gritaron sus amigos. ¡Y todos siguieron riendo!