En un hermoso campo, un gallo llamado Ramón decidió que era hora de hacer una gran fiesta. "¡Quiero una fiesta!", gritó Ramón con su voz fuerte y alegre. "Invitaré a todos mis amigos: la vaca Lulú y el pato Pipo".
Ramón comenzó a organizar la fiesta. "¡Lulú, ven aquí!", llamó. La vaca Lulú llegó con una sonrisa. "¿Qué pasa, Ramón?", preguntó. "¡Vamos a hacer una fiesta!", dijo Ramón. "¡Sí, sí!", respondió Lulú, moviendo su cola felizmente.
Luego, Ramón fue a buscar a Pipo. "¡Pipo, ven aquí!", gritó. El pato Pipo llegó nadando. "¿Qué hay, Ramón?", preguntó. "¡Haremos una fiesta!", dijo Ramón. "¡Genial!", dijo Pipo, haciendo un salto.
Pero, ¿dónde harían la fiesta? Ramón miró a su alrededor. "¡En el gran árbol!", sugirió Lulú. "¡Sí, en el árbol!", dijo Ramón. Así que fueron al árbol y comenzaron a decorar.
Ramón trajo flores, Lulú trajo heno y Pipo trajo agua fresca. Todo estaba listo. "¡Fiesta, fiesta!", gritaron los tres juntos. Pero, ¡oh no! Ramón olvidó algo muy importante: ¡la música!
"¡Necesitamos música!", exclamó Ramón. "Yo puedo cantar", dijo Lulú. "Yo puedo hacer ruido", dijo Pipo. Así que comenzaron a hacer música. Lulú cantaba: "Moo, moo, moo", y Pipo hacía: "Quack, quack, quack".
Ramón se reía tanto que casi se cae del árbol. "¡Esto es muy divertido!", gritó. "¡Fiesta, fiesta!", seguían repitiendo.
Finalmente, llegó la hora de la fiesta. Todos los animales del campo vinieron. Había muchos bailes, risas, y canciones. Ramón estaba feliz. "¡Gracias, amigos!", dijo. "¡Esta es la mejor fiesta!"
Y así, en el gran árbol, los animales bailaron y rieron, celebrando la amistad y la diversión. ¡Qué gran fiesta hicieron Ramón, Lulú y Pipo!