En un pequeño parque, había una marmota llamada Mica. Mica era muy curiosa y le encantaba hacer travesuras. Un día, decidió que quería hacer algo especial.
—¡Hoy voy a hacer una fiesta! —dijo Mica, saltando de alegría.
Mica corrió hacia su amigo el pato, Pipo.
—¡Pipo! —gritó Mica—. ¡Voy a hacer una fiesta! ¿Quieres venir?
Pipo, que estaba buscando un gusano, levantó la cabeza.
—¿Fiesta? ¡Sí! —dijo, emocionado—. Pero, ¿qué vamos a comer?
—¡Galletas de barro! —respondió Mica, riendo—. ¡Son deliciosas!
Pipo frunció el pico.
—¿Galletas de barro? No sé si eso suena bien...
Justo en ese momento, llegó su amiga la ardilla, Susi.
—Hola, amigos. ¿De qué hablan? —preguntó Susi, moviendo su colita.
—Mica va a hacer una fiesta con galletas de barro —dijo Pipo, con una sonrisa.
—¡Galletas de barro! —exclamó Susi—. ¡Me encantan!
—¿En serio? —preguntó Pipo, sorprendido.
—¡Sí! —dijo Susi—. ¡Son crujientes y están llenas de sabor!
Mica se rió.
—¡Vamos a hacerlas juntas! —dijo.
Los tres amigos fueron al lago. Ellos recolectaron barro y comenzaron a formar galletas.
—¡Mira, Pipo! —dijo Mica—. ¡Son perfectas!
Pipo las miró y dijo:
—¡Huelen raro!
Susi tomó una galleta y probó.
—¡Deliciosas! —gritó.
Mica y Pipo miraron a Susi, sorprendidos.
—¿De verdad? —preguntaron.
—¡Sí! —respondió Susi—. ¡Son las mejores galletas de barro!
Así, Mica, Pipo y Susi pasaron el día riendo y comiendo galletas de barro. ¡Fue una fiesta divertida!