En un hermoso dĂa soleado, una girafa llamada Gigi paseaba por la selva. Gigi era muy alta y siempre miraba por encima de los árboles. Un dĂa, mientras caminaba, escuchĂł un ruido extraño. ¡Plof! ¡Plof!
“¿Qué es eso?” se preguntó Gigi, moviendo su largo cuello.
Gigi decidiĂł investigar. Se acercĂł al sonido y vio a su amigo, el pequeño mono Tito. Tito estaba tratando de atrapar un plátano. Pero el plátano se movĂa y se movĂa.
“¡Hola, Tito!” dijo Gigi con una sonrisa. “¿Qué haces?”
“¡Hola, Gigi!” respondió Tito, saltando de rama en rama. “¡Estoy atrapando un plátano travieso!”
“¿Un plátano travieso?” preguntó Gigi, riendo. “¡Eso suena divertido! ¡Voy a ayudarte!”
Juntos, Gigi y Tito comenzaron a buscar el plátano. Gigi estiraba su cuello alto y miraba por encima de los árboles. “¡No está aquĂ!” decĂa una y otra vez. Tito saltaba y decĂa: “¡No está aquĂ tampoco!”
De repente, el plátano saliĂł disparado. “¡Corre!” gritĂł Tito, mientras Gigi lo seguĂa con su largo paso. El plátano se fue hacia un charco. “¡Cuidado!” gritĂł Gigi. Pero el plátano ¡salpicĂł agua por todas partes!
“¡Splash!” hizo el plátano. Gigi se mojó, pero se rió a carcajadas. “¡Esto es muy divertido!” dijo Gigi, sacudiéndose el agua.
Finalmente, Tito atrapó el plátano. “¡Lo logré!” gritó feliz. Gigi aplaudió con sus patas. “¡Eres el mejor!”
“¡Gracias, Gigi! Ahora, ¡a comer plátano!” dijeron juntos, riendo y disfrutando del dĂa soleado. ¡QuĂ© gran aventura tuvieron!