En el bosque encantado, una ranita llamada Rina saltaba feliz. Rina era verde, con manchas amarillas y unos ojitos brillantes. Le gustaba saltar, brincar y chapotear. Un día, Rina decidió jugar en el charco grande cerca del árbol alto.
Rina saltaba y saltaba. "¡Splash, splash!" decía la ranita, chapoteando en el agua. De repente, vio a su amiga la ardilla, llamada Pepa. Pepa estaba buscando bellotas. "¡Hola, Pepa!", saludó Rina.
"¡Hola, Rina!", respondió Pepa. "¿Quieres jugar a las carreras?".
Rina saltó de emoción. "¡Sí, sí! ¡Vamos a correr!". Y así, la ranita y la ardilla empezaron a correr. Rina saltaba, Pepa corría. ¡Qué divertido era!
Pepa corría rápido, pero Rina saltaba más rápido aún. "¡Mira cómo salto, Pepa!", exclamó Rina. "¡Mira, mira!". De repente, Rina resbaló en una hoja grande y ¡plop! Cayó en el charco. "¡Ups!", dijo Rina riéndose.
Pepa se acurrucó cerca, riéndose también. "¡Rina, eres muy graciosa!", dijo Pepa. "¡Pero estoy mojada!", respondió Rina, todavía riendo.
Entonces, apareció su amigo, el conejo Tico. Tico siempre estaba sonriendo. "¿Qué pasa aquí?", preguntó Tico.
"¡Rina se cayó en el agua!", explicó Pepa, todavía sonriendo. Tico soltó una carcajada. "¡Rina, necesitas un paraguas!", dijo bromeando.
Rina miró a Tico y Pepa, y todos empezaron a reír juntos. Las gotitas de agua brillaban en el sol. "¡Vamos a jugar más!", dijo Rina, feliz. Y así, los tres amigos siguieron jugando, riendo y chapoteando.
El bosque estaba lleno de risas, y la ranita Rina, la ardilla Pepa, y el conejo Tico tuvieron un día muy divertido y especial. ¡Qué día tan lleno de risas y saltos!