En un hermoso día soleado, un cuervo llamado Carlos estaba muy emocionado. ¡Hoy era el gran día de la competencia de vuelo! Todos los animales del bosque estaban listos para ver quién volaba más alto y más rápido.
"¡Voy a ganar!" decía Carlos mientras se estiraba sus alas negras. "¡Voy a ser el campeón!"
Su mejor amigo, un pequeño ratón llamado Miguel, lo miraba con una sonrisa. “Carlos, ¡tú puedes hacerlo!” gritó Miguel, saltando de alegría. “¡Eres el mejor volador!”
Carlos se sentía feliz, pero un poco nervioso. “¿Y si me caigo?” preguntó.
“¡No te preocupes! ¡Solo sigue volando!” respondió Miguel, mientras hacía piruetas en el aire. “¡Diviértete!”
Cuando comenzó la competencia, todos los animales estaban reunidos. Había un conejo, una tortuga, y hasta un pato que quería volar. “¡Listos, listos, ya!” gritó el búho, que era el juez.
Carlos tomó aire y, ¡zas! ¡Despegó! Voló alto, muy alto. “¡Mira, Miguel! ¡Estoy volando!” gritó con alegría.
Pero de repente, un fuerte viento sopló. “¡Oh no!” exclamó Carlos. Se balanceó de un lado a otro. “¡Ayuda!” gritó.
“¡Sigue volando, Carlos!” animó Miguel. “¡Tú puedes!”
Carlos se concentró y, con un gran aleteo, comenzó a moverse rápidamente. ¡Siguió volando! Pero en ese momento, vio una nube que parecía un delicioso pastel. “¡Mmm, pastel!” pensó. Sin pensarlo, se desvió y fue a la nube.
“¡Eh, Carlos! ¡No es un pastel!” gritó Miguel, riendo. Pero Carlos ya estaba en la nube. “¡Es suave y esponjosa!” dijo el cuervo, revoloteando feliz.
Después de un rato, Carlos se dio cuenta de que había perdido la competencia. “¡Oh no! ¡Perdí!” lamentó.
Pero Miguel le dijo: “¡No importa! ¡Te divertiste!”
Y así, Carlos voló de vuelta, riendo. “¡Sí, me divertí!” dijo. “¡El aire es divertido y las nubes son suaves!”
Los animales aplaudieron. “¡Carlos, eres el mejor!” gritaron todos. Y Carlos, sonriendo, comprendió que lo más importante era disfrutar el vuelo, no ganar.
“¡Gracias, amigos!” exclamó con alegría. Y así, todos celebraron juntos. Fin.