En un bonito dĂa soleado, un pequeño cocodrilo llamado Coco estaba muy curioso. "¡Quiero jugar!" decĂa Coco, moviendo su cola felizmente.
Coco mirĂł a su amiga, la tortuga Tita. "Tita, Âżquieres jugar?" preguntĂł Coco. Tita sonriĂł despacito. "¡SĂ, Coco! Pero, ÂżquĂ© jugamos?"
Coco pensó un momento. "¡A la carrera!", dijo emocionado. "¡Yo soy rápido!" Tita rió. "¡Yo soy lenta, pero puedo intentarlo!"
Asà que los dos amigos se pusieron en posición. "¡Listos, preparados, ya!" gritó Coco. Y salió disparado, ¡splash! ¡Coco se resbaló en el barro! "¡Ay, no!" dijo riendo. "¡Soy un cocodrilo pegajoso!"
Tita lo miró y rió. "¡Coco, pareces un pastel de barro!" Coco se limpió un poco y dijo: "¡Vamos a jugar otra cosa!"
Entonces, apareció el loro Lalo. "¿Qué hacen, amigos?" preguntó Lalo, moviendo sus plumas brillantes. "¡Jugamos!" dijeron Tita y Coco al mismo tiempo.
"¡Yo tengo una idea! ¡A ver quién puede hacer el mejor baile!" dijo Lalo. Coco movió su cola a un lado, y Tita movió sus patitas despacio. "¡Bailamos!" gritó Coco.
Coco saltaba y hacĂa giros. "¡Mira mi baile de cocodrilo!" decĂa. Tita se movĂa con gracia. "¡Mira mi baile de tortuga!"
Lalo se reĂa sin parar. "¡Son los mejores bailarines del mundo!"
Al final del dĂa, los tres amigos estaban cansados pero felices. "¡QuĂ© divertido!", dijo Coco. "¡SĂ!", dijeron Tita y Lalo.
Y asĂ, los tres amigos, el cocodrilo, la tortuga y el loro, siguieron jugando hasta que el sol se puso, llenando el aire de risas y alegrĂa.